Javier Caro

Dicen los síntomas es la nueva novela de Bárbara Blasco, ganadora del Premio Tusquets de Narrativa, un libro de con un maravilloso humor negro, decepción e ilusiones quebrantadas. Hemos hablado con la valenciana sobre su trabajo.

Un libro, Dicen los síntomas, que transcurre en un hospital valenciano, donde la enfermedad se mezcla con la emoción y la humanidad de sus cinco personajes. Hemos hablado con Bárbara sobre la novela.

Me ha sorprendido que una gran parte de Dicen los Síntomas, suceda en un hospital, ¿qué te atrae como escritora de ese lugar?, ¿es un mundo diferente al “normal”?

Ay, cada día quedan menos lugares normales, menos gente normal, uno va descubriendo que, bajo el microscopio, toda historia es una fascinante sucesión de anormalidades. Pero sí, un hospital es un lugar con leyes distintas, el tiempo pasa de forma diferente, el lenguaje es diferente, hay mucha gente tumbada, muchos visten de blanco.

Es curioso como la protagonista entiende el mundo y su mundo a través de las enfermedades, como si estás compusieran la realidad. ¿Has conocido a alguna persona así, o todo ha surgido de cómo podían ver el mundo así?

La verdad es que nunca he tenido a un auténtico hipocondríaco cerca. Sí conozco a algunos con un miedo inconfesado a la enfermedad y a la muerte, que suelen optar por opciones “hierbas”, placebos espirituales sin fundamento científico que consideran la panacea y que funcionan como amuletos, como sustitutos de la religión.

Tal vez sea más fácil admitir que la realidad está hecha de enfermedad también, que no es un fallo, que no supone una anomalía sino más bien la deriva natural de los cuerpos.

«Hacemos bien en tener un poco de miedo, porque la naturaleza, ella solita, es capaz de dibujar los mayores horrores en nuestro cuerpo»

Bárbara Blasco

El miedo, o en algunos casos pánico, a la enfermedad, en algo inherente al ser humano; por lo contrario, intentamos obviarlo?

Hacemos bien en tener un poco de miedo, porque la naturaleza, ella solita, es capaz de dibujar los mayores horrores en nuestro cuerpo, de construir las tramas más espeluznantes, y sólo necesita tiempo para hacerlo. Un poco de miedo hace ver, mucho miedo ciega.

Aparte de cuidarnos un poco, -emborracharse de vez en cuando también es cuidarse-, ¿qué podemos hacer? Manosear esa idea de enfermedad, para que no esté tan dura cuando llegue, y aceptar lo que venga, lo que no podemos controlar.

Con Dicen los síntomas recibiste el premio Tusquets, el segundo año que una valenciana, en la edición pasada fue Elisa Ferrer, ¿cómo te enteraste de que habías ganado?, ¿qué sentido tienen hoy los premios literarios?

Me llamó Juan Cerezo, el director de la editorial para comunicármelo. Me encantó recibir la “corona de miss” de parte de Elisa, que es maravillosa y además es del barrio. Bromeamos con que el Tusquets es un premio de la Junta municipal de Ruzafa.

Que me lo hayan dado a mí después de a Elisa no hace sino confirmar que es un premio que de verdad apuesta por la obra que más les gusta, sin tener otras consideraciones en cuenta. Y eso va siendo excepcional en un panorama en que cada día existen menos premios en los que haya opciones reales de ganar.

En ningún caso significa la confirmación definitiva ni nada por el estilo (uno tiene que encontrar su propia confianza escritora en soledad, debe construir su propio canon),  simplemente que tu novela le ha gustado a esa persona de la editorial que hace la criba, y luego el jurado la ha preferido entre unas pocas más.  ¡Pero yo tengo el Tusquets y eso me hace feliz!

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Virginia, la protagonista de Dicen los síntomas, quiere ser madre justo cuando su padre está a punto de perder la vida en coma, ¿es una paradoja o una necesidad traer una nueva vida cuando otra se está perdiendo?

En principio es una venganza. Y una forma de espantar la soledad. Pero también es un deseo de aceptación: no me quieren, pues me reafirmo, estoy por partida doble en el mundo. Es la victoria por número, algo un poco absurdo, pero eso mismo hacen los continentes pobres, y si creemos en la democracia, algo de razón tienen.

«Me gustan las situaciones límite en la escritura, por la intensidad que supone pasear por un terreno fronterizo»

Bárbara Blasco

¿Es difícil escribir sobre un momento tan delicado como estar en la antesala de la muerte de alguien?

Escribir no es difícil porque son muertes de papel, lo difícil es vivirlo. Me gustan las situaciones límite en la escritura, por la intensidad que supone pasear por un terreno fronterizo y sobre todo por el extrañamiento, eso tan necesario para devolver la mirada al origen, para borrarle todas esas capas de prejuicios a la realidad.

La protagonista de Dicen los síntomas no es la hija predilecta de la familia, no como su hermana, que parece ser más querida, ¿es difícil admitir que tus padres no te quieren tanto, o que quieren más a tus hermanos?, ¿estamos preparados para admitirnos eso?

La familia está rodeada de un halo Disney tan desconcertante como infantiloide. Hay muchísimos tabús al respecto. Uno ha de querer a sus padres, y si no, es un monstruo. Pero el mundo está lleno de hijos que simplemente no tienen nada que ver con sus padres, de padres que nada tienen que ver con sus hijos.

De hermanos que nada tienen que ver entre ellos, de extraños con los que establecemos vínculos irrompibles. Me apetecía reflexionar acerca de cuánto nos condiciona ese hilo genético en nuestras relaciones.

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