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Dawson Crece marcó a una generación

Javier Caro

Recuerdo ver Dawson Crece en Canal + todas las semanas, era como una especie de ritual, como también lo era ver Buffy o Friends. Aquella serie tenía algo especial, algo distinto a sus homólogas que la hacía única.

Quizás era su aroma a cine, más bien al amor al cine, o sus tramas que no dejaban a los jóvenes como imbéciles imberbes, sino como personas que se enfrentaban a su futuro como nunca se había expuesto en la televisión. Ahora la puedes ver entera en Netflix

La serie Dawson Crece fue creada por Kevin Williamson, que había escrito Scream (Wes Craven, 1995), un retorno al slasher juvenil que fue todo un éxito a nivel planetario y sembró la semilla de una nueva época dorada del género. A Williamson le propusieron crear una historia juvenil para televisión, y éste decidió basarla en parte de su juventud. Así, Dawson Leery era una especie de trasunto suyo, y su amiga, Joey Potter, la vecina que había sido su amor platónico.

Dawson Crece netflix
Fotografía de la serie, Dawson Crece (Netflix)

Williamson nos llevó de la mano hasta Capeside (Massachusetts), un pueblecito costero, pequeño pero lleno de encanto, y donde parecía que nada malo podía pasar. Nos presentó a Dawson, su mejor amiga, Joey, su mejor amigo Pacey y la recién llegada de la gran ciudad, Jen. Cuatro personajes que retrataban perfectamente las inseguridades del paso a la madurez, las inquietudes y miedos de la juventud, del amor, del sexo… El director se atrevió con todo y ahora lo podemos ver en Netflix.

En 1998 llegó el primer episodio de la serie titulado Piloto. Y comenzaba de un modo único, en la habitación de Dawson, poblada de carteles de las películas de Spielberg, estaban el protagonista de la serie y su amiga Joey tumbados en la cama delante de la televisión, ambos veían E.T.

Joey decía, “me encanta esta película. Ganó un Oscar, ¿no?”, y Dawson le contestaba molesto, “fue Ghandi, se lo robaron a Spielberg, no había superado su complejo de Peter Pan”, a lo que replicaba su amiga, “¿ganó Ghandi?, ¿le dan el Oscar a una peli que no hay quien vea entera…?” Y tras ello llegaba uno de los temas por lo que orbitaría la serie en sus seis temporadas y 128 capítulos, el paso de la niñez a la juventud, y el amor por encima de todo, cuando ella le dice que no debería seguir durmiendo con él en su cama porque ya son mayores.

Es en ese instante cuando se enfrentan a un dilema, algo que será el leitmotiv de la serie, ella comenta que tiene tetas y él genitales, que ya tienen 15 años. Una declaración muy explícita para afirmar que ya no son niños. Finalmente duermen juntos, pero esa conversación marcará el principio del fin de la infancia. Algo que descoloca al inocente Dawson.

Comenzaron con ese magnífico arranque, síntesis de casi todo lo que se vería después, las tramas sobre el amor, la lealtad, la amistad, los sueños; en definitiva, lo que nos sucedía a los jóvenes que asistíamos semanalmente a las tribulaciones de aquellos amigos de exquisita verborrea e ilusiones inalterables. Aquel cóctel de inocencia, picardía y amores tormentosos se transformó en una de las series más estimadas por el público.

La construcción de los personajes fue una de las piedras angulares de la serie. Dawson y sus sueños de ser el futuro Spielberg saliendo de un pueblecito, con un ideal en el amor tan puro y auténtico que nos hacía esbozar una sonrisa. Un utópico que no se parecía a los personajes principales de las series juveniles anteriores. Frente a toda la maldad del mundo quedaba ese chico de Capeside, que creía que todas las respuestas estaban en una película de Spielberg, y quizás tenía razón.

Pacey, que parecía el amigo chulo de la historia, aunque en realidad no era más que un joven atrevido y algo torpe. Comenzaba su historia en la serie emulando a Benjamin Braddock (Dustin Hoffman) en El Graduado (Mike Nichols, 1967), un indisimulado homenaje que Williamson nos señala con el dedo para que no nos equivoquemos, liándose con su profesora de literatura.

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Joey, que interpretaba a la vecina de Williamson, era una joven llena de miedos, enamorada de Dawson, o de lo que significaba y proyectaba el joven, también se enamoró de Pacey demostrando lo difícil e impredecible que es el amor. Lo complicado que es hacerse mayor, incluso en aquella burbuja perfecta que escenificaba el pueblo.

Por último, aquella primera temporada (quizás la mejor) nos dejaba a Jen, una chica rebelde que llegaba desde Nueva York para vivir con su abuela y comenzar desde cero, con lo difícil que es eso. Sin quererlo encandilaba Dawson y planteaba el primer problema de la serie: el amor es impredecible e irracional.

Dawson Crece se enfrentó en su segunda temporada a temas nunca antes visto en televisión. Se incorporaron Jack y Andie McPhee, dos hermanos que parecían adecuados para acentuar las tramas románticas de la serie en el triángulo amoroso. Sin embargo, Andie nos mostró sus problemas psicológicos por un asunto familiar, y Jack descubrió su orientación sexual frente a todo el mundo. Fue la primera vez que una serie trataba el tema en un adolescente.

Williamson no tuvo problemas en hacer autorreferencias poniendo el póster de Sé lo que hicisteis el último verano (1997) en el videoclub que regentaban Dawson y Pacey. Un lugar perfecto de trabajo para alguien como ellos dos. Aquellas clases de cine o la película de Dawson, con un regusto a la Cosa del Pantano fueron parte de una historia que tenía mucho del director.

Inolvidable, al igual que en otras series de la época, era la canción de la intro, aunque todos sabemos que la de Friends fue la más conocida y reconocida fuera de la propia serie. En Dawson Crece también había una canción en la introducción, el tema “I don´t want to wait” de Paula Cole anticipaba a un capítulo lleno de intensidad y melodrama juvenil como jamás se había visto en televisión.


Dawson siempre tuvo una estética muy cinematográfica, manteniendo una puesta en escena similar a las series del momento en la televisión americana pero con un enfoque narrativo diferente. Aquí, a diferencia de Salvados por la Campana, no estaba todo tan polarizado: los triunfadores, los mediocres y los frikis.

En Bayside se sabía que Zack Morris y Slater eran los más populares, mientras que personajes como Screech mantenían el estereotipo de empollón fracasado. Algo similar a la muy popular, Sensación de Vivir: 90210, donde Brandon y Brenda eran los protagonistas. Los empollones nunca tenían la posibilidad de ser los protagonistas, ni de contar sus sentimientos. Dawson Crece cambió todo eso. Incluso a nivel estético, Dawson de blanco, casi ceremonioso.

En 1997 Al Salir de Clase, y al año siguiente, Compañeros fueron la respuesta a las series juveniles que se hacían fuera. Dos series que trataban la vida de jóvenes en España, pero muy alejada de Dawson Crece, en algunos momentos estas series españolas se parecían más a Sensación de Vivir. En el fondo, cada serie reflejaba a su manera el momento histórico que le tocaba vivir, desde la estética hasta las preocupaciones sociales del momento.

 

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