Javier Caro

Extremoduro ha decidido disolverse, desaparecer y quedar en el recuerdo y en los anales de la historia de la música en castellano. En 2020 darán unos pocos conciertos de despedida para finalizar un proyecto musical que comenzó de forma autoeditada y termina en una multinacional.

En marzo del año próximo, su disco, Yo, minoría absoluta (2002), cumplirá la mayoría de edad. Un elepé que devolvió a la banda a un sonido más crudo, y que fue el último hasta su cambio de registro con desarrollos instrumentales y una mayor sofisticación. Mi relación con Extremoduro será la misma que cualquier persona que comience a peinar canas.

Extremoduro eran en parte herederos del rock urbano madrileño, con Leño a la cabeza, como reconocía el propio Roberto Iniesta en 2014 en el programa de Rock fm, Oldie Motel. “No es que tenga pudor en reconocer que me gustó mucho Leño, sería de las cosas que más me influenciaran por gustarme y porque veía que hacia ahí iba yo un poco encaminao”.

Escuché de pasada el disco, Agila (1996), con aquella portada tan heavy, gracias a la hermana mayor de una amiga. Fue un impacto. Correcamino estate al loro, fue el tema que sonó en mi sesera por primera vez. Mi bautismo con la voz del Robe. Salió después de Pedrá (1993), un experimento musical que ninguna discográfica se atrevía a editar; recordemos que el álbum era una única canción de 29 minutos.


Agila les hizo salir del underground, asomar la cabeza un poco, en gran medida gracias a la incorporación de Iñaki Uoho Antón como productor, que llegaba de los magníficos Platero y tú., con los que habían realizado una gira histórica.

El sonido cambió, y el disco comenzó a sonar en las pletinas y reproductores de cedés de todo tipo de gente. La poesía de Sucede y sobre todo, So payaso, que sonaba hasta en la radiofórmula. Extremoduro había subido varios peldaños.

Antes de, Yo, minoría absoluta, Extremoduro editó Canciones Prohibidas (1998), el primer disco que me compré de la banda. Uoho ya era en este álbum un miembro más del grupo. En éste trabajo la banda utilizaron arreglos de cuerdas, metales y hasta teclados. Querían experimentar un poco más, pero sin despistar el sonido que los había engrandecido. Cuerdas como en el tema, Golfa, eran algo distinto en el combo.

Extremoduro
Gira de despedida de Extremoduro

«Seguir la trayectoria que llevan las nubes y volver por la mañana igual que sale el sol, verás qué calentito retorcer las horas dando patadas al reloj»

Golfa (Canciones prohibidas)

Aquel álbum, donde ya se atisbaba que el grupo estaba afinando su propuesta musical y que cristalizaría en La ley innata (2008), residía una de las canciones más recordadas en el rock nacional, Salir. Y temas románticos de la talla de Su culo es miel.

Cuatro fueron los años que tuvimos que esperar para que Robe y los suyos decidieran editar nuevo material. Algo que con Extremoduro era lo lógico. En una entrevista concedida a la revista HeavyRock, Robe le comentaba a Juan Destroyer esto al respecto.

“Creo que cuando siguen haciendo cosa buenas y nuevas los grupos funcionan, aunque estén dos o tres años fuera de circulación. Es preferible eso que ir haciendo discos obligadamente año a año, porque eres tú el primero que tiene que creer en lo que tienes ,si no es mejor esperarse un año o dos o tres o cuatro o cinco o…”, comentaba el cantante de Extremoduro.

En la misma entrevista Robe hablaba sobre un nuevo disco, el susodicho, La ley innata, el cual tardaron seis años en publicar. “Siempre tienes que hacer cosas, tampoco puedes estar tocándote los huevos descaradamente porque te hartas. Mola tocarte los huevos cuando has estado un tiempo sin podértelos tocar, pero estar sin hacer nada a mí no me mola”, decía.


Volviendo al disco con el que cerraron una etapa, Yo, minoría absoluta; su regreso fue más directo y crudo, sin tanta alharaca y con temas que se quedaron en la mente de sus seguidores como clásicos instantáneos. Puta, Standby o Buitre no come alpiste, fueron verdaderos cañonazos. Además, el cedé contenía un DVD con temas grabados en directo en la Cubierta de Leganés, el 9 de octubre del 99.

«¿Dónde están los besos que me debes? En cualquier esquina, cansados de vivir en tu boquita siempre a la deriva»

A fuego (Yo, minoría absoluta)

En aquel tiempo, 2002, lo de Internet era un poco entelequia y la posesión de ese material era muy valioso. Máxime cuando desde Iros todos a tomar por culo (1997), un álbum portentoso, lleno de fuego en un momento donde Robe y sus compinches todavía no pertenecían a una major.

Con aquella portada del directo de Extremoduro, con el mundo el forma de bomba y aquel escandaloso título. Volved a escuchar los primeros compases de Jesucrito García con todo el mundo coreando, y sentiréis un nostálgico escalofrío.

En Yo, minoría absoluta, volvían a escandaliza, desde la portada, donde Robe aparecía como trasunto de Jesucristo con pistoleras, hasta, una vez más, en sus letras. En éste álbum, Robe no dudó en homenajear a Lorca en su tema Puta, con parte del poema, Los encuentro de un caracol aventurero (1918).

“Subí al árbol más alto que tiene la alameda y vi miles de ojos dentro de mis tinieblas. Nosotras no las vemos, las hormigas comentan. Y el caracol: mi vista solo alcanza a las hierbas”

Y luego llegó La ley innata, un periodo nuevo para la banda, con otros arreglos más virtuosos. Llegando a muchísimo más público de diferentes lugares; después de Material defectuoso (2011), cruzaron el charco por primera vez en 2012 a Chile, Argentina y Uruguay. Y ahora nos dejan en la cresta, cuando todavía son los más grandes del rock urbano.