Javier Caro

Lope de Vega, Valéncia, La Academia de los Nocturnos y el teatro… Y además, misterio y aventura. Sergio Villanueva ha publicado un libro, El Secreto de los Nocturnos (Ediciones B) que emociona, sorprende al lector con hallazgos impresionantes, sobre todo si eres de València, y que no pierde el pulso en ningún momento.

¡Menudo ritmo cinematográfico tiene El secreto de los Nocturnos! ¿Cómo se te ocurre Sergio, regresar a 1589 de la mano de Guillém de Castro y Lope de Vega?

Me alegra que te hayas dado cuenta de ese ritmo, como tú bien dices cinematográfico. Porque la historia la concebí como si estuviera delante de una pantalla de cine, con una estructura que me facilitara en un futuro la adaptación a cine o miniserie que siempre he tenido como proyecto paralelo a esta novela.

Se me ocurrió viajar a la Valencia de 1589 con Guillem de Castro y Lope de Vega porque ellos eran en ese momento buenos amigos allí, y formaban parte de un grupo de caballeros nobles, burgueses y gente de armas o del clero a los que les unía la pasión por el conocimiento, la escritura teatral y el teatro mismo como lugar donde poder cambiar el mundo.

“Yo creo que es más difícil adaptar una novela a guión que al revés”

Sergio Villanueva

Sergio Villanueva. Fotografía cortesía de Mayte Romero

El libro surge en un principio como un guión, y acaba en una novela, que parece que será trilogía. ¿Es difícil adaptar una idea originaria de un guión a un libro?

Yo creo que es más difícil adaptar una novela a guión que al revés. Porque en ese caso, has de sintetizar mucho la idea, los matices, todas las sombras y luces de cada personaje, las descripciones de lugares de estados de ánimo. Ten en cuenta que un guión de cine no puede tener más de 100 o 120 páginas, y hay novelas de entre 500 y 1000.

Adaptar una idea de guión a novela no es tan difícil porque puedes quedarte tres páginas explicando un estado de ánimo de un personaje, lo que piensa, con tu propio estilo o código como autor, pero en un guión de cine eso sólo se resume así: él mira profundamente…

Si yo me encuentro con esta frase en un guión y me dicen que a partir de ahí lo adapte a novela, puedo iniciar un viaje interior del personaje a su infancia, a las sensaciones que le envolvían de niño eso mismo que de adulto contempla, sea un objeto o a otra persona.

Pero la dificultad está en que hay unas normas para mantener entretenido o enganchado al lector o la lectora que no puedes saltarte. Has de economizar el tiempo que dedicas a ese pensamiento o mirada, o se olvidará dónde estaba en la trama o la historia. O sencillamente te saltas las normas porque, como decía Cela, novela es todo aquello que el autor decide que es novela.


¿Cómo fue tu proceso de documentación?

Fue largo y apasionante. Largo porque ha sucedido en paralelo a mi formación y trabajo como actor, director y dramaturgo. En cada una de las veces que me he encontrado estudiando el Siglo de Oro, Lope de Vega, el Teatro de la época he ido aparcando archivos y notas que me interesaban para en un futuro ordenarlas y tenerlas a punto para una novela o guión.

No dejo nunca de hacerlo en lo referente a la época y costumbres de la época de los Nocturnos, porque es la época más apasionante del Teatro en castellano y me atrevería a decir universal. Y además porque estoy trabajando ya en la segunda parte de la novela.

¿Qué fue la Academia de los Nocturnos, y por qué crees que es tan desconocida?

La Academia de los Nocturnos era una de tantas Academias que sucedían en toda Europa entonces, donde grupos de integrantes de distinta clase social se unían por el apetito del libre conocimiento y la cultura, algo que la Inquisición en todo el territorio del Imperio español perseguía y prohibía para mantener el pensamiento único y el dogma de fe.

El ser humano es curioso por naturaleza, así que se organizaba en grupos, aunque se jugaran con ello la vida, para poder acceder al conocimiento y poder intercambiarlo, trasvasarlo. La Academia de los Nocturnos en Valencia era un grupo de gente fascinante, entre las que se encontraban Guillem de castro, Gaspar Aguilar, Rey de Artieda, Virués, El padre Tárrega, todos ellos gentes del clero o las armas, poetas y dramaturgos que empezaron a revolucionar las estructuras dramáticas.

Eran básicamente hombres del teatro. Lope se dirigió en su exilio a Valencia porque precisamente quería tomar contacto con el grupo, formar parte de él, para aprender aquello que le faltaba para convertirse en el Fénix de los Ingenios. Es una Academia desconocida porque es valenciana. Pasa con todo en Valencia a nivel histórico.

Estamos ninguneados, olvidados. Y lo peor de todo es que sucede porque precisamente los primeros en hacerlo somos los propios valencianos, que no cuidamos nuestra propia historia ni nuestro potencial cultural. Porque preferimos la fiesta y no el esfuerzo de estudiar y preservar los valores culturales que tenemos desde hace milenios.

Para amar algo y así defenderlo es preciso conocerlo. Y eso supone el esfuerzo del estudio. El valenciano no estudia, no trabaja, es alguien que prefiere olvidar con una cerveza en la mano mirando hacia la nada con una sonrisa y dejando las cosas pasar, aunque tengan un valor emocional importante. Por cierto que tenemos un nombre para eso. Se llama meninfotisme o seminfotisme: Pasar de todo.


Se te nota pasión por València en el libro, de hecho has trabajado mucho en tu ciudad, recuerdo verte en una de las películas más bonitas en cuanto a localizaciones rodada allí, Tranvía a la Malvarrosa (Jose Luís García Sánchez, 1997). ¿Ha sido difícil hablar de tu propia ciudad?

No ha sido difícil. Ha sido necesario. Tal y como te he dicho anteriormente. Un día supe que Lope de Vega había vivido en Valencia. Había aprendido a ser un genio como autor de teatro con maestros de la Valencia de finales del S XVI. Me pregunté: ¿Cómo es posible que no sepamos esto los valencianos?

Si hubiese sucedido en Barcelona habría un Festival de Teatro en torno a esa temática, merchandising y toda una industria cultural potenciando esto mismo para seguir haciendo marca a nivel internacional incluso. Por ello Valencia es la protagonista. Porque quise que fuera conocida como personaje imprescindible en nuestra historia.

Quise que se publicara esta novela a nivel nacional o internacional para ayudar a que se conozca la riqueza histórica y cultural de nuestra ciudad.

“Lope de Vega está en casi todas las estanterías de los salones de cualquier familia. La lástima es que en España no se ha vendido la marca Lope de Vega como la marca Shakespeare en Inglaterra”

Sergio Villanueva

Tu protagonista el Lope de Vega, como también lo es en algún capítulo de El Ministerio del Tiempo, donde tú apareciste como Chicho Ibáñez, ¿qué tiene Lope de Vega que parece vivir un momento donde la gente lo conoce y se interesan más por él?

Lope de Vega está en todo momento presente en el colectivo en nuestro país. Todo el mundo ha tenido que leer o ver una obra de teatro, en el colegio. Incluso representarla de niña o niño. Lope de Vega está en casi todas las estanterías de los salones de cualquier familia. La lástima es que en España no se ha vendido la marca Lope de Vega como la marca Shakespeare en Inglaterra.

Aun así, desde plataformas culturales se protege y proyecta su figura y obra porque fue un autor inmenso e inigualable. Nadie ha podido escribir más de mil quinientas obras. Incluso Shakespeare sólo escribió 37, en comparación con Lope tú dirás. Y además vivió en una época fascinante, cuando el imperio español de los Austrias empezó su declive.

Participó en la campaña contra la reina Isabel de Inglaterra con la Armada Invencible, tuvo una vida amorosa igual de intensa que su obra, fue hombre de armas, de tabernas, se convirtió al clero. Un hombre apasionante que vivió tantas vidas como obras escribió. Una vida y obra así es lógico que perdure

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Los comensales me parece un peliculón, lo vi en Cinemajove hace algunos años, ¿cómo fue tu experiencia de estar detrás del objetivo?

Pues la verdad es que no estuve en ningún momento detrás del objetivo. Estuve en todo momento junto a los actores, escondido junto a un arbusto y con unos auriculares para escuchar sus conversaciones. Ironías aparte, lo digo en serio. La película es un homenaje a la gente del teatro.

 

Así que quise estar para ellos como un director teatral. No quería alejarme de esa mesa casi doscientos metros para estar en el combo. Todo el equipo técnico tenía mi máxima confianza, así que me puse a controlar esa mesa casi como otro comensal más, dándoles a cada uno de ellos toda la libertad, todo mi cariño y mimo, entre otras cosas porque son todos amigos que quiero y admiro mucho.

La experiencia como director fue muy gratificante. Tanto que por ello ya estoy preparando mi segunda película como director, LAS SOMBRAS DE LOS GOZOS, con Charo López como protagonista, interpretando a dos hermanas distanciadas que han de reencontrarse y que son una analogía de las dos Españas.

“A mí me encantan las adaptaciones de clásicos de la literatura, del teatro, al cine. Son necesarias y me atrevería a decir que casi una obligación de Estado”

Sergio Villanueva


Trabajaste en la adaptación cinematográfica de La Celestina, para mi una buena adaptación, ¿qué te parecen las adaptaciones de los clásico que hemos hecho en España, tienes alguna favorita?

La Celestina fue mi primera película como actor. A mí me encantan las adaptaciones de clásicos de la literatura, del teatro, al cine. Son necesarias y me atrevería a decir que casi una obligación de Estado. Mantiene fresco el mensaje de aquellas obras y autores universales con la mirada de nuevos adaptadores, directores y las nuevas propuestas de actores y actrices de nuevos tiempos.

La gente de la Cultura nos debemos a la memoria. Y  no solo los creadores, sobre todo los espectadores. Para mí, de lo mejor que se ha hecho en adaptaciones cinematográficas de clásicos de la literatura española, son las adaptaciones que el maestro José Luis García Sánchez ha llevado a cabo con cada una de las obras de Valle-Inclán que ha realizado.

¿Cómo ves el teatro o el cine en estos tiempos de coronavirus?

Tocado de muerte. Pero saldremos de esta, como siempre hemos salido.

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