Javier Caro

Es indudable que Godzilla tiene algo que atrae las miradas, que te hace pensar en lo insignificante que eres; un visión monstruosa salida del terror atómico, transformado en mito. Ese terror que electrifica la piel, que te sacude como un huracán. Godzilla es la bestia, el ser escamoso, reptiliano, que asusta a los humanos que intenta huir de él mientras aplasta edificios.

Otro de aquellos seres cuasi mitológicos, como King Kong en su Isla Calavera, que no deja de fascinarnos. El castellonense, Jonathan Bellés dirige un ambicioso documental The Dawn of Kaiju Eiga (2019), donde podemos ver a personajes tan importantes en la historia de Godzilla como Akira Takarada

¿Cuál fue tu primer encuentro con Godzilla, cómo recuerdas el impacto que te produjo aquella imagen?

La primera vez que oí hablar de Godzilla fue cuando tenía ocho años, cuando una buena amiga de mi madre me preguntó “¿sabes quién es Godzilla?” yo negué con mi cabeza, a lo que ella respondió “te va a encantar, es un monstruo inmenso que lo aplasta todo”.

Ese fue el principio, la semilla que creció cuando un día en la revista TP vi dos títulos que iban a emitirse en el canal Palomitas de Satélite digital; “Godzilla contra Mothra” (1992) y “Godzilla contra King Ghidorah” (1991). Se lo tuve que pedir a un amigo que me las grabara en VHS ya que no contaba con televisión por cable.

Tengo que decir que ya por aquella época, mucho antes de que llegara Godzilla en mi vida, me sentía atraído por las películas de catástrofes como “Terremoto” (1974) y películas de dinosaurios como “El valle de Gwangi” (1969). Sin embargo, cuando vi por fin los dos títulos que arriba he mencionado, todos los elementos como el “dinosaurio” y la “destrucción urbana” se centraban en una sola escena.

El impacto que me produjo fue profundo hasta el día de hoy, y entre varios factores destacan dos: el método empleado para la realización de estas películas, los kaiju eiga, a base de maquetas y hombres disfrazados, es decir, lo manual, lo artesanal, es lo que más me atrajo.

Hay que destacar que, desde pequeño, antes que el cine, mi pasión era el dibujo y la pintura al óleo, por lo que reproducir estas películas con maquetas de cartón y con la vídeo cámara de mis padres fue determinante a la hora de elegir la producción y realización audiovisual como mi profesión hoy en día.

En segundo lugar, lo que también dejó una marca imborrable tras ver “Godzilla contra Mothra” (1992) y “Godzilla contra King Ghidorah” (1991) fue la sensación de caos y descontrol que se generaba con la presencia de Godzilla en el ámbito urbano.

La impotencia de los mandatarios políticos, así como la frustración de los ejércitos fue lo que me dio la sensación de liberación. Godzilla es un monstruo con el que te puedes liberar al ver cómo nuestra civilización puede verse destruida solo con su presencia.

 Comenzaste con el proyecto del documental, Los albores del kaiju eiga, en 2012 y desde entonces has trabajado en él. ¿Por dónde comenzaste el documental?

“Los albores del kaiju eiga” (2019) es el resultado de mi formación y evolución profesional. He de mencionar que este mi tercer documental, el primero fue “René Magritte: drôle de bonhomme” (2010) y el segundo “No es cosa de risa” (2016).

 Ya en 2009, durante mis estudios en Bellas Artes me planteé la posibilidad de realizar una investigación doctoral a cerca del kaiju eiga y no fue hasta 2012, que me matriculé en estudios de doctorado que empecé de lleno la investigación.

La idea de ir a Japón llegó un poco más tarde, para mí solo era una fantasía hasta que poco a poco tomó seriedad el asunto en el momento en el que le pedí a mi profesor de cine de la universidad que fuera mi director de tesis, el cual me dijo “solo seré tu director de tesis si vas a investigar a Japón”.

Dicho y hecho, pero antes de ese viaje, el rodaje de las primeras entrevistas del documental empezaron en diciembre de 2012 en Barcelona, cuando el director del festival internacional de cine fantástico de Catalunya, Ángel Sala, accedió a ser entrevistado para el documental. A partir de ahí, hice múltiples entrevistas por la geografía española entre 2012 y 2013, como por ejemplo en Valencia, Alicante y Madrid.

A partir de esas entrevistas empecé a elaborar las primeras versiones del guion del documental, así como las labores pertinentes de producción, como empezar a contactar con los futuros entrevistados japoneses.

Si algo podemos apreciar en el documental, es la extraordinaria cantidad de entrevistas que has logrado; testimonios que vivieron de primera mano los orígenes de Godzilla. Para el documental viajaste a Japón, ¿cuántas entrevistas tenías cerradas en aquel primer viaje?, ¿necesitaste más días?

Me costó alrededor de un año conseguir cerrar todas las entrevistas, que tan sólo fueron ocho inicialmente. Sin embargo, una vez sobre terreno, en Japón, empecé a preguntar a los entrevistados cómo conseguir contactar con otras de las personas que quería entrevistar. Con todo ello, salí de Japón con 22 entrevistas, teniendo en cuenta que sólo tenía previstas ocho, fue todo un éxito personal.

Eso sí, no estuve solo y gracias a los colaboradores como Daniel Aguilar conseguí mis objetivos. Sobre el tiempo que necesité, decir que fui a Japón sin billete de vuelta con el objetivo de salir del país una vez tener todas las entrevistas que quería sin importar el tiempo que tomara. Finalmente, pasé el mes de febrero de 2014 completo.

Los albores del kaiju eiga es un documental muy objetivo que no parece realizado por un fan, ¿fue complicado separar tu vertiente más fan de la del profesional que tenía que contar una historia lo más objetiva posible?

Esta fue una parte complicada, a decir verdad. Especialmente porque al ser un especialista en el tema, daba por hecho muchos conceptos que no explicaba en las primeras versiones del documental (cabe destacar que existen 14 versiones del documental, de 45 minutos y de 54 minutos).

Para evitar perder la objetividad en el relato pedí el visionado de varios colaboradores y expertos en la materia. Gracias a sus consejos estoy convencido de que el documental se abrió al público en general y no solo a aquellos seguidores y conocedores del kaiju eiga.

Para el documental no contaste con financiación pública, algo extraño en una obra de tamaña envergadura. ¿Cómo se financió el proyecto entonces?

El documental fue financiado por capital privado en su totalidad, tanto fondos propios como de amigos cercanos y familia.

En la pantalla vemos desfilar personas clave en la historia de Godzilla, como Haruo Nakajima, que dio vida a Godzilla en la película original o Akira Takarada, el buzo Hideto Ogata de la primera película. ¿Cómo pudiste llegar hasta ellos, y cómo viviste, ahora como fan, el poder conocerlos en persona?

Llegué a algunos de ellos a través de redes sociales, otros a través de contactos y otros a través de representantes de los artistas. Mencionando a Haruo Nakajima, decir que no le conocí en Japón, si no que en noviembre de 2013 viajé a Oberhausen (Alemania) donde el actor participó en una conferencia sobre su experiencia en el kaiju eiga dentro del marco de Weekend of Horrors.

Y bueno, conocer a estas leyendas japonesas, que fueron mis ídolos desde niño fue una experiencia que es inolvidable, a pesar de que esta aventura en Japón fue ya hace cinco años, recuerdo el sentimiento de admiración y felicidad que me invadió especialmente al conocer a Hauro Nakajima, Koichi Kawakita.

Y por supuesto al maestro Akira Takarada. La mayoría de ellos quedaron sorprendidos al comprobar que un chico de 25 años de un país tan lejano al suyo estuviera al frente de un documental sobre Godzilla.

Quedaron muy contentos al conocer mi pasión y al comunicarles a través del intérprete cuánto habían influido en mi vida. Tengo que abrir un paréntesis con Akira Takarada, con quien he entablado una excelente relación de amistad que todavía perdura. Afortunadamente fue el placer de estar con él durante el estreno mundial del documental que tuvo lugar en abril de 2019 en Tokio.

De hecho, Takarada me regaló uno de sus pins de Godzilla, que a partir de entonces llevo puesto sobre mi americana (al igual que Takarada) cada vez que presento mi documental, de alguna manera, es una forma de continuar con este vínculo de amistad y de tener el kaiju eiga cerca de mí.

Akira Takanada (centro) y Jonathan Bellés (derecha)

Algo que llama la atención, es que no hay imágenes de las películas, imaginamos que Toho pediría cantidades desorbitadas por ellas, así y todo, el documental funciona muy bien sin ella. ¿Hubo alguna imagen que te hubiera gustado introducir en el filme y que te dio rabia no poder contar con ella?

Ciertamente el documental no tiene clips de vídeo de las películas de Godzilla. Cuando fui consciente de que iba a ser un hecho, decidí continuar con el proyecto y tomar el riesgo de hacer un documental sobre Godzilla sin Godzilla.

Sin embargo, con el tiempo y mucha paciencia, conseguí conseguir fotografías y pósters de películas de Godzilla que sin lugar a dudas incluí en el documental. Gracias a ello podemos ver a Godzilla con el objetivo de ilustrar lo que los entrevistados relatan.

He de decir que las primeras versiones del documental sí cuentan con imágenes de películas del monstruo, eso sí, son versiones que no pueden publicarse y que se hicieron con el objetivo de preparar el documental en una hipotética comprar de las licencias del personaje.

Me hubiera encantado incluir en especial: el rugido de Godzilla, imágenes de la primera versión de Godzilla (cuando ataca Tokio y el canto a la Paz) e imágenes de Shin Godzilla (cuando vemos el agua inundar Tokio), estas en especial hubieran quedado muy impactantes al comparar el desastre de Fukushima con la película, en donde vemos que es una copia fidedigna.

No solo hablas de la creación de Godzilla derivaba de la bomba atómica y la devastación de Hiroshima y Nagasaki, sino que lo entroncas con Fukushima. Godzilla, y todo lo que representa su presencia, sigue tan de actualidad?

Por muchas décadas el tema ha estado enterrado. La amenaza de la bomba atómica terminó con la caída del muro de Berlín, aunque bien es cierto que los desastres como Three Mile y Chernóbil trajeron la amenaza de las centrales nucleares. Sin embargo, desde el tsunami de Fukushima en 2011, que afectó gravemente a la central nuclear Dai-ichi de Fuskushima reabrió el debate sobre la utilización de dichas centrales.

Durante años el gobierno japonés cerró la mayoría de sus centrales, sin embargo, desde hace pocos años, han ido reabriéndolas progresivamente. ¿Cuál ha sido el resultado de esto y cómo ha impactado en la filmografía de Godzilla?

Con la producción de lo que considero una película de autor: “Shin Godzilla” (Hideaki Anno y Hinji Higuchi, 2016). No teníamos una película del monstruo tan política desde 1984 y ha sido, por desgracia por el accidente de Fukushima, que hemos vuelto a los orígenes del monstruo.

Esto es, y estoy convencido, porque el sur humano es la especie que puede caer dos veces con la misma piedra. No hemos aprendido mucho desde la llegada de la era atómica de 1945 y ni la cantidad de muertos y miedos colectivos que nos ha dejado, ni por supuesto, Godzilla, han sido suficientes para cambiar nuestra forma de pensar al respecto. Por tanto, Godzilla continuará existiendo y denunciando esta gran contradicción de nuestra era hasta que no cambiemos nuestra forma de actuar.

Comentas en el filme que tras la aparición de la televisión en Japón, las películas de Godzilla fueron rodándose de un modo más barato y perdiendo por el camino esa parte terrorífica que tenía, y de crítica. ¿Cómo valoras la saga en su conjunto, tanto crees que se terminó desvirtuando el personaje?

Aunque me costó asumirlo en su momento sí, así es, el personaje de Godzilla cambia desde su segunda aparición en “Godzilla contraataca” (Motoyoshi Oda, 1955) y lo hace radicalmente en su tercera aparición en “King Kong contra Godzilla” (Ishiro Honda, 1962). Es muy interesante analizar el fuerte contraste entre película y película en especial porque son consecutivas.

Como sabemos, el primer Godzilla de 1954 representa toda esa asfixia del pueblo japonés marcado por la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias de las bombas atómicas. El director Honda fue una elección acertada por parte del productor del film, Tomoyuki Tanaka, pues este director vivió de primera mano la Segunda Guerra Mundial y fue testigo de la destrucción de Hiroshima por la bomba atómica “Little Boy”.

Sin embargo, toda ese fuerte crítica que engloba este film, así como su fotografía contrastada en blanco y negro se desvanece en su secuela “Godzilla contraaataca”. En este film se apuesta por una película de entretenimiento en el que aparece el primer rival de Godzilla, convirtiéndolo en una batalla de supervivencia y olvidando el sentido del monstruo. Lo mismo pasa en “King Kong contra Godzilla”, pero añadiéndole el factor comedia.

Por lo que, a mi juicio, el personaje se desvirtuó desde 1955 y fue degenerando hasta su última entrega de la etapa Showa en 1975. Esto, a pesar de que Honda se mostró contrario, fue la decisión de los mandatarios de Toho y de Tomoyuki Tanaka lo que acabó por quitar el significado original y la razón de la existencia de Godzilla.

En un intento de dignificar al monstruo de nuevo, Tanaka produjo una nueva entrega del monstruo en 1984. Aunque este film sí retoma los origines del personal, sus sucesivas secuelas acabarían en una serie de películas de batallas y aventuras que pondrían fin a la segunda etapa del monstruo en 1995.

En la tercera etapa de la saga tenemos el mismo esquema, una serie de films que tienen poca consideración el origen del monstruo a excepción de “Godzilla, Mothra, King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack” (Shusuke Kaneko, 2001). Después llegó “Shin Godzilla”, que ya os podéis hacer una idea de lo que pienso leyendo la anterior pregunta.

En conclusión, en general, valoro la saga de Godzilla como una serie cinematográfica que aglomera una gran cantidad de elementos muy interesantes y que, en su mayoría, son reflejo de las contradicciones de la sociedad japonesa, así como la incursión e influencia estadounidense en Japón.

A nivel fílmico, pienso que es una saga con limitaciones (a excepción de “Godzilla” de 1954 y “Shin Godzilla”) pero que, a su vez, en su totalidad, su mensaje es muy poderoso, por eso el personaje en sí ha alcanzado tal nivel de éxito mundial. Este mensaje, aunque tenga 65 años de antigüedad, será vigente hasta que la humanidad no se haya deshecho de todo su armamento termonuclear.

Supongo que la barrera idiomática en Japón supondría un escollo para la realización el documental, vemos a Daniel Aguilar en el filme hablando japonés. ¿Cómo fue la interacción con los testimonios?

Cuando llegué a Japón ni si quiera hablaba inglés con propiedad, por lo que no hablemos de mi nivel de japonés, que en aquel momento era inexistente. Daniel Aguilar fue clave en el correcto desarrollo de las entrevistas en Japón, así como de las traducciones de las respuestas al castellano, aunque no sólo fue él quien colaboró en esta labor, si no que otros traductores como David Muñoz fueron esenciales también.

Gracias a ellos me pude mover con destreza en territorio japonés. Bastante tenía yo con los 40 kilos de material que me traje conmigo para la grabación de las entrevistas (entre cámara, trípodes, focos, slider de 1,20m, etc.).

La interacción como digo, gracias a ellos, fue excelente, la mayoría de entrevistas se desarrollaron en una misma habitación de hotel en Tokio, los entrevistados acudían en intervalos de 60 minutos con un tiempo de montaje de cámara de apenas 15 minutos.

Aunque creo que en el documental no se aprecia, diez de las entrevistas fueron grabadas en la misma habitación. El resto se grabaron en diferentes ciudades japonesas, como podría ser Hiroshima y Osaka.

Akira Takarada y Jonathan Bellés estrechando la mano

Tiene 25 horas aproximadas de material grabado, y el documental no llega a la hora de duración, ¿cómo fue el trabajo en la sala de montaje, habrá otros montajes en el próximo dvd/blue ray, con más duración?, ¿por qué decides que el documental dure menos de una hora?

En realidad, si juntamos las 25 horas de entrevistas en Japón más el metraje español, canadiense y de los planos de recurso que grabé en Japón, hablamos de al menos de 40 horas de metraje. Mi objetivo era evitar a toda costa, hacer un documental de sólo japoneses hablando sucesivamente.

Gracias al trabajo del supervisor de montaje, José Luis Romeu, y a la productora asociada, Ségolène Lacourte, logramos hacer un equilibrio entre las imágenes de archivo con las entrevistas para no crear un desequilibro narrativo.

Es cierto que tanto la versión corta como la larga (45 min y 54 min respectivamente), la duración no llega a 60 minutos. La razón de esto radica en dos puntos: a) no he tenido acceso a clips de películas de Godzilla, lo que hubieran supuesto entre 5 a 8 minutos más de metraje.

b) El documental gira en torno a los orígenes del personaje Godzilla y su evolución, pero siempre relacionado con la amenaza nuclear y esto, a mi juicio, se puede contar en 45 minutos.

Jonathan Bellés

Supongo que Godzilla seguirá coleando en tu vida y que tus próximos proyectos orbitarán sobre él. ¿Qué será lo siguiente que veamos tuyo?

Godzilla siempre seguirá en mi vida, es indivisible porque forma parte de mí. Sin embargo, después de tantos años inmerso en este proyecto, creedme que lo que quiero ahora es dar luz al proyecto, que cree su vida y empezar otro proyecto totalmente diferente. Este es el mayor proyecto que he realizado hasta ahora y difícilmente haré algo tan importante a nivel personal.

Este proyecto siempre tendrá un lugar importantísimo en mi corazón, así como todos los que han aportado a su desarrollo. Como he dicho anteriormente, este es mi tercer documental y espero que no sea el último, ahora mismo tengo otro documental entre manos (por el momento no puedo desvelar de qué se trata)

Aunque no tiene nada que ver con el kaiju eiga, no descarto volver al subgénero en el futuro, pero ahora necesito algo nuevo y diferente.

A parte de documentales también he producido y dirigido vídeo arte, mi otra pasión, algunos de ellos pueden verse en mi web www.451prods.com.

Comentamos las 4 mejores películas de Almodóvar

El documental ha pasado por festivales como Nocturna, ¿cuál va a ser el recorrido que tendrá, podremos verlo en alguna plataforma digital?

Por el momento hemos podido disfrutar del documental en Tokio, Indie Visions Film Festival (Virginia, EE.UU.) como bien dices, en Nocturna (Madrid), en el Asian Film Festival of Barcelona, Fantasti’cs (Castellón de la plana y en donde ganamos el premio al mejor documental), Manga Barcelona y próximamente en el Festival Internacional de cine fantástico Isla Calavera, en el cual Ángel Sala presentará el documental antes de su proyección.

Las siguientes proyecciones dependerán de las selecciones que consigamos en los festivales en los que hemos presentado “Los albores del kaiju eiga”. Por cierto, la web oficial del documental es www.dawnofkaiju.com y para seguir las novedades y proyecciones en Facebook: https://www.facebook.com/dawnofkaiju/

¿Con qué recuerdo te quedas de todo lo vivido en estos años de trabajo?

Con una anécdota. El 14 de febrero de 2014 entrevisté a Akira Takarada y al acabarla, el actor se ofreció a llevarnos a Daniel Aguilar, su mujer y a mí en su jaguar a la estación de trenes de Tokio debido a la fuerte nevada que estaba sufriendo la ciudad, la mayor en 25 años. Un gesto de un caballero. Un recuerdo inolvidable.

Álex de la Iglesia, un productor diferente