Hace 20 años, el 20 de abril de 1999, el mundo se levantaba en estado de shock, aquella conmoción no la produjo el sanguinario bombardeo de la OTAN, con Bill Clinton como presidente de Estados Unidos, sobre Kósovo en la Guerra de los Balcanes. Fue el día que más bombas cayeron en esa guerra. Aquellos bombardeos duraron 78 días, se lanzaron unas 9.200 toneladas de bombas y fallecieron unos 1.200 ciudadanos. La conmoción en medio planeta la sembraron dos chicos, Eric Harris y Dylan Klebold, que contaban con 18 y 17 años respectivamente. Entraron en el Instituto Columbine, en el Estado de Colorado, y sacaron las armas. Mataron a 13 personas e hirieron a 24, al finalizar la matanza se dispararon ellos mismos. La fecha de tal crimen no fue elegida al azar, los jóvenes la hicieron coincidir con el aniversario del nacimiento de Adolf Hitler.

Michael Moore se hizo archiconocido en el mundo del documental gracias a Roger y yo (1989), donde trataba la pobreza en la que se sumergió la gente de la ciudad de Flint (Michigan) que dejó en la estacada a 30.000 personas expulsándolos al paro. Nadie confiaba en Moore, pero consiguió entrevistarse con el presidente de la gigante de la automoción General Motors, Roger Smith, y de paso mostrar las vergüenzas del sistema capitalista.

“Quería hacer algo sobre la sed de violencia estadounidense, y sobre por qué usamos la violencia como media para alcanzar un fin”

Michael Moore

Fue en 2002 cuando decidió embarcarse en un proyecto que denunciaba el sistema de terror informativo en el que viven los americanos, y falta de control en las armas. Rodó uno de los trabajos más crudos sobre esos temas. Bowling for Columbine, se convirtió en algo más que un documental, aparte de su éxito en taquilla, fue una bofetada de realidad. Ganó el Oscar al Mejor Documental y el Cesar a la Mejor Película extranjera, amén de otros premios. En la rueda de prensa en el estreno en Londres, Moore confesaba cuál era su objetivo con este filme. “Quería hacer algo sobre la sed de violencia estadounidense, y sobre por qué usamos la violencia como media para alcanzar un fin”, comentaba.

El documental a veces parecía parodiar el estilo de vida americano, con esa primera escena que nos chocaba a los que no vivimos allí, y no respiramos aquella cultura/pasión por las armas. Moore se abre una cuenta y le regalan un rifle, así de sencillo y aterrador. No hacía falta más para mostrar la convivencia tan estrecha que existe con las armas. El humor sigue con esos cazadores que viste a un pobre perro como si fuera un cazador más y le ponen un rifle, el rifle se dispara y muere el dueño del can. En la imagen el animal no sabe qué hacer, parece asustado. Solo la estupidez humana es capaz de eso.

Las armas están en la cultura americana desde pequeños. Nacen en algunos lugares con un revolver o una escopeta casi en las manos. “Todos los estadounidenses recuerdan el primer asesinato que vieron”, sentencia Moore en Londres. Él también recuerda ese momento donde desde la televisión se encuentra por primera vez con la muerte. “El 25 de noviembre, un domingo a eso de las 14 horas, mi madre pasaba la aspiradora. Yo estaba en el suelo cerca de la televisión porque no podía oír bien con la aspiradora, y llevaban a Lee Harvey Oswald (autor del asesinato de JFK) al garaje, en Dallas, y Jack Ruby le pone la pistola en las costillas y le dispara en directo, por la televisión. Ese fue el primero que vi”, recuerda en la rueda de prensa.

Moore analiza algunos de los momentos donde Estados Unidos ha intervenido en la política mundial con violencia. Lo hace con Louis Armstrong y su archiconocido What a wonderful World con imágenes del apoyo a Pinochet para asesinar al Presidente electo en Chile, Salvador Allende, el entrenamiento a Osama Bin Laden, el entrenamiento a Los Contra en Nicaragua, su apoyo con armas a Saddam Hussein para matar iraníes y a los iraníes para matar irakíes, su invasión a Panamá y expulsión de Noriega, a Clinton Bombardeando una fábrica de armas en Sudan que en realidad fabricaban aspirinas. Refleja el enorme poder político de Estados Unidos en el devenir del mundo.

«Lo que sabemos por instinto los estadounidenses, que no eran monstruos, eran chicos normales. Le podía pasar a cualquiera, pero eso da miedo y es mejor no pensar en ello”

Michael Moore

El director comentaba en Londres cómo se enteró de la matanza que vertebra este documental. “Un día vas a trabajar y todos están alrededor de la tele”, comenta. “Había chicos saliendo de un edificio con las manos en alto. Es la primera imagen que recuerdo. Los chicos de Columbine corrieron con las manos en alto porque todos eran sospechosos. Todos eran presuntos culpables. Esa imagen, y la de la policía apuntándoles, les pusieron en fila… Esta imagen ya no se ve porque no queremos recordar que ese es el concepto que tenemos de nuestros hijos. Eso es lo que sabemos por instinto los estadounidenses, que no eran monstruos, eran chicos normales. Le podía pasar a cualquiera, pero eso da miedo y es mejor no pensar en ello”, reflexiona.

Momento del documental, Bowling for Columbine

Los medios de comunicación, y la sociedad teledirigida por ellos, necesitaban algún motivo por el cuál esos dos chicos habían hecho lo que habían hecho. El miedo es el motor que paraliza a los americanos: abejas africanas asesinas, pandilleros, muertes terribles a manos de negros… el miedo es uno de las actitudes más comunes entre los estadounidenses según el director. El dedo acusador señaló a Marilyn Manson, un músico. Moore se encuentra con él, le pregunta por los bombardeos de la administración Clinton sobre Kósovo. “Creo que es una tremenda ironía que nadie dijera, tal vez el Presidente haya incitado esa conducta violenta. No, porque así es como lo quieren los medios y así lo difunden convirtiéndolo en miedo, porque cuando ves televisión, ves noticias y te bombardean para que tengas miedo”, responde Manson. “Hay inundaciones, hay SIDA, hay asesinatos; te ponen un anuncio, cómprate un Ford, cómprate Colgate; tienes mal aliento, nadie hablará contigo; si tienes granos no te tirarás a la chica; y no es más que una campaña de miedo y consumo”, remacha el cantante.

También habla con personas del mundo de la televisión como Matt Stone, uno de los dos creadores de South Park. Matt es de Colorado, y le recuerda a Moore que unas semanas después la ANR (Asoc. Nacional del Rifle), fue a Colorado para seguir apoyando a la tenencia de armas. Stone recuerda el Instituto, que fue el mismo al que fueron los asesinos de Columbine. “Recuerdo cuando estaba en 6º, y tuve que hacer el examen de mates para entrar con matrícula de honor en 7º, y me dijeron “no la cagues ahora porque no entrarás con matrícula de honor en 7º, y por supuesto si no lo haces en 7º no lo harás en 8º y tampoco en 9º, 10º o 11º y morirás solo y pobre”, comenta. Stone continúa hablando de Eric y Dylan. “La gente les llamaba maricas, y pensaban: si soy un marica ahora lo seré siempre, y uno esperaba que alguien fuera y les dijera, tíos el instituto no es el final, les quedaba un año o un año y medio. Largaos de casa y cortad de raíz”, dice Stone con asco. “Es increíble lo rápido que pierdes contacto con toda esa gente. Te empiezan a machacar la cabeza ya en 6º curso. No la cagues porque si no morirás solo y pobre, y tú piensas: joder, lo que soy ahora lo seré para siempre, cuando en realidad es todo lo contrario”, señala Stone.

En el rodaje del documental Moore consiguió algunos logros, además que con su presentación al público consiguió cambiar conciencias. Dos jóvenes que habían sido heridos en la matanza fueron junto a él con cientos de balas a la gigantesca  Kmart, una cadena con descuentos muy conocida en Estados Unidos que vende munición de armas de fuego. En la puerta del comercio consiguió que la cadena decidiera no venderlas más. Un éxito, ninguna marca quiere que le asocien a una masacre como la de Columbine.

Moore cierra el documental con la incapacidad y mutismo del Presidente de la ANR, Charlton Heston. No sabe qué decir cuando las preguntas son directas, cuando se habla de personas y no de números. Moore continuó con documentales como Fahrenheit 9/11 (2004) o Sicko (2007), de los que hablaremos más adelante.

Por desgracia en Estados Unidos las masacres en los Institutos siguen existiendo, el documental cambió algunas mentalidades, pero la historia ha tendido a repetirse e incluso empeorar. El 14 de febrero, día de los enamorados, de 2018 en la tranquila Parkland, al noroeste de Miami (Florida), Nikolas Cruz, ex alumno de 19 años del Instituto Stoneman Douglas asesinó a  17 personas e hirió a 15 heridos. Siendo ésta una matanza todavía mayor que la ocurrida en Columbine.