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Entrevista a Rodrigo Cortés por El Amor en su lugar

El Amor en su lugar es una película valiosa, un homenaje al teatro, a sus interpretes y a su público bajo cualquier circunstancia. Dirigida por Rodrigo Cortés, y escrita por éste y David Safier, basada en una obra de Milosc Szuka Mieszkania de 1942.

Decenas de judíos de toda Polonia viven atrapados en el gueto en medio de la ciudad de Varsovia separados del resto por un muro. Un grupo de actores deciden llevar algo de alegría a esa situación tan amarga, representando una obra de teatro. En una representación surge la posibilidad de huir de allí. Una historia de amor, de valentía y de teatro.

Rodrigo Cortes
Rodrigo Cortés, director de El Amor en su lugar, en Kinépolis València. Fotografía cedida por Pau Gómez.

Cortés recurre al gran maestro Billy Wilder para imaginar la película. “Del mismo modo que en el caso de Buried (2010) las velitas del altar se las ponía a Hitchcock, aquí las velitas se las ponía a Billy Wilder, tratando de dotar a los diálogos de ese pesimismo divertido, de ese fatalismo lúcido, de ese corazón romántico que descreía de la realidad pero creía en el amor”, señala.

“Del mismo modo que en el caso de Buried (2010) las velitas del altar se las ponía a Hitchcock, aquí las velitas se las ponía a Billy Wilder”

Rodrigo Cortés – El Amor en su lugar

La película transcurre en un teatro, entre sus bambalinas pero también en el escenario y con el público. Hay tres espacios, tres historias que se cuentan en esos tres espacios y todas tiene algo que ver. “Hay algo que tiene que ver con Buried, en el sentido que ambas usan el tiempo real, sin elipsis espaciales o temporales; ambas proponen experiencias muy físicas, muy sensoriales; la película no solo se ve, sino que se experimenta, y además ambas suceden en un terreno muy acotado, evidentemente en el caso de Buried no se puede acotar más, pero en cualquier caso es un universo muy acotado sobre sí mismo”


No solo tiene como referencia el director en El Amor en su lugar a Wilder, también ha recurrido a otros directores y a diferentes películas relacionadas intrínsecamente con el mundo del teatro.

“Es verdad que el corazón es muy clásico, la referencia a Lubitsch es muy pertinente; entre la lista de películas que les di a los actores, para que tuvieran herramientas para comunicarnos luego, les pedí ver: Un, dos tres (Billy Wilder, 1962), por el sentido del ritmo del diálogo, que van a la velocidad del demonio que luego iba a tener la propia obra. Berlín Occidental (Billy Wilder, 1950), teóricamente es un menor de Billy Wilder, pero a mí me entusiasma, cuando Marlene Dietrich dice: vivo a tres ruinas de aquí, no se puede ser más oscura y divertida a la vez”, sentencia Cortés.


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Los actores y Cortés tuvieron un mismo prisma gracias a las películas que el realizador les hacía visionar. “Les pedí ver Cabaret (Bob Fosse, 1072), La Calle 42 (Lloyd Bacon, 1933), Arriba el telón (John G, Adolfi, 1929). También les pedí ver Black Swam (Darren Aronofky, 2011) para decirles que aunque el corazón iba a ser muy clásico, la formulación formal no iba a ser rugosa y muy física y muy contemporánea”

“Hay muchos plano secuencia dentro de la película, ya no el de arranque, sino que hay muchos planos secuencia de siete minutos, precisamente para no domesticar la narración, para convertirla en algo absolutamente física”

Rodrigo Cortés – El Amor en su lugar

Un factor importante en el filme son sus planos secuencias, que te hacen estar dentro de cada estancia con los actores, sin que te quiten o te añadan nada innecesario. “Hay muchos plano secuencia dentro de la película, ya no el de arranque, sino que hay muchos planos secuencia de siete minutos, precisamente para no domesticar la narración, para convertirla en algo absolutamente física, para llevar al espectador al cerebro de Stefcia y hacerles sentir emociones, su enorme confusión, su necesidad de tratar de digerir la nueva información que va recibiendo para tomar una decisión”, apunta.

Cortés consigue en El Amor en su lugar que el montaje sea un protagonista más sin que eso agote al espectador. “Pero a la vez el montaje es fundamental cuando te metes en el circo de tres pistas de alternar puntos de vista, una cosa es lo que ve el espectador del teatro, otra cosa es lo que pasa de verdad en el escenario cuando acercas la cámara y otra cosa lo que pasa entre cajas o la tensión del camerino cuando te escodes en las tripas del teatro, y eso solo lo puedes conseguir haciendo las piezas del puzle por separado y luego reconstituyéndolo. Los actores muchas veces no sabían exactamente qué estaban haciendo”, comenta.

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