Javier Caro

Quizás muchos desconozcan qué es el subgénero de cine de terror llamado slasher. Quizás hasta sea la primera vez que lo escuchen. Aunque sea la primera vez que vean ese nombre escrito, sin lugar a dudas, todo el mundo (o casi) ha visto una película de este subgénero que tuvo su clímax en los ochenta, y que renació en los noventa con aires nuevos. En el slasher los adolescentes corren, huyen despavoridos de un  hombre del saco con cuchillo o motosierra, aunque no siempre es así.

Hoy nos adentramos en este mundo donde el grito está muy bien visto, donde el público murmulla a los protagonistas que no se metan en un lugar o que no se disperse. Viernes 13 (Friday the 13th, 1980, Sean S. Cunningham) no fue la primera, quizás tampoco la mejor, pero sí la que sentaba unas bases tan sólidas en el género que se transformaron en dogma, aunque viniera precedida de Halloween (John Carpenter, 1978).

“En los 70 hice Las última casa a la izquierda, con Wes Craven, y la película tuvo bastante éxito. Y por eso, tanto a Wes como a mi nos adjudicaron la fama de producir películas francamente repugnante, y baratas”

Sean S Cunnigham

Hablemos de Viernes 13, de cómo se rodó y de la importancia que tuvo en el naciente género. Su director, Sean S Cunnigham llegaba a la cinta después de haber producido una película que había logrado escandalizar a principios de los 70. “En los 70 hice Las última casa a la izquierda, con Wes Craven, y la película tuvo bastante éxito. Y por eso, tanto a Wes como a mi nos adjudicaron la fama de producir películas francamente repugnante, y baratas. Así que si queréis vomitar con algo barato, llamáis a Sean y a Wes”, bromeaba el neoyorkino en el making of de Viernes 13.

Cunnigham intentó zafarse de esa imagen que le había proporcionado su producción con Craven, y pensó que quizás el cine familiar era más lucrativo. Aunque el guionista Víctor Miller no tenía tan claro aquello. “América quería ver Halloween, porque en 1979, Halloween arrasaba en taquilla”. Tras dirigir Here comes de tigers (1978), Cunnigham se iba a lanzar sin red a un tipo de cine que estaba funcionando. Debían subirse al barco de slasher, hacer un filme a rebufo de la película de Carpenter.

“Yo pensaba en diferentes títulos de películas y se me ocurrió Viernes 13. Me dije, lograría venderles una película con el título Viernes 13”, recordaba el director. Aunque también estuvo sobre la mesa la posibilidad de titular al filme como A long night at Camp Blood, algo que hubiera hecho que el nombre, excesivamente largo, pudiera ser menos recordado.

La actriz Adrienne King en una de las escenas de Viernes 13

Tenían la idea de hacer un filme de estas características, barato y fácil de vender. Faltaba el guión. “Me remití a Halloween para averiguar qué precisa una película de terror: empiezas con una situación en que los adultos no pueden ayudarles. En Halloween supe que si haces el amor, mueres. Tenía que hacerlo así”, explicaba el Miller. El presupuesto fue bastante ajustado, unos 550.000 dólares, y a pesar de ello lograron un nivel de calidad muy por encima de lo esperado.

La idea desde el principio estaba clara: había que copiar a Halloween; pero en un contexto diferente y que provocara suficiente miedo. “Pensando en posibles lugares, se me ocurrió lo del campamento de verano. Debían ver cómo los eliminan uno a uno”, dice el guionista. En un campamento los jóvenes no podían tener ninguna posibilidad de escapar. La cosa pintaba muy bien. Rodaron en Blairstown, en Nueva Jersey, dentro del campamento Nobebosco (Boys Scouts of North Bergen).

Sustituyeron aquel nombre por el mucho más atractivo Crystal Lake. El director recuerda cómo comenzaron el rodaje. “Esperamos a que comenzaran los colegios antes de entrar. Les dimos dinero y acampamos allí las cuatro semanas de rodaje”.

Según recordaba la actriz Adrienne King, que interpretaba a Alice, “no teníamos un guión entero. Nos daban las páginas para ese día y luego lo cambiaban todo, y al día siguiente más cambios”. Todo iba un poco a salto de mata, algo que seguramente descolocaba al equipo. El elenco de actores no tenía muy claro hacia dónde caminaba el filme, ni cuál iba a ser el resultado final. Betsy Palmer, conocida por haber trabajado en el western de bajo presupuesto Cazador de forajidos (Anthony Mann, 1957), tuvo la oferta de interpretar a Pamela Voorhees, madre del archiconocido Jason.

“Recibí el guión y pensé, vaya montón de … , y dije, jamás irá nadie a verla”. La actriz nunca tuvo problemas en reconocer que al principio no le gustó nada el guión, y que lo hizo para comprarse un coche nuevo. Con los años, y la increíble acogida por parte del público, su postura cambió. “Lo más iconoclasta fue coger el tópico de la mamá que hace pasteles y darle la vuelta”, comentaba Miller, en referencia a situar a la madre como la asesina despiadada.

“Recibí el guión y pensé, vaya montón de … , y dije, jamás irá nadie a verla”

Betsy Palmer

El cast, aunque era joven e inexperto, tenía que cumplir una prerrogativa inexcusable para Cunnigham, “solo contratamos a actores dispuestos a ensuciarse y a soportar efectos especiales, aceptando que les haríamos de todo”. Aquello no era solo unos jóvenes imberbes ávidos de sexo que iban a ir muriendo, aunque en esencia lo era. También se intentó con el personaje del Loco Ralph (Walt Gorney), generar una atmósfera inquietante, dibujando aquel abandonado campamento como un lugar maldito.

No era muy sutil, pero sí muy efectivo. Los elementos referenciales fueron la abundante sangre, las muertes cada vez más sofisticadas y los desnudos femeninos, como curiosidad, recordar que únicamente en la sexta entrega, Viernes 13, parte VI: Jason vive (Tom McLoughlin, 1986) fue donde no existieron desnudos.

Como ya se ha dicho, el guión se lo entregaban a los actores a última hora. Al igual que en el final de la película, que decidieron volverlo más perturbador de los que se planteaba en el guión. Tal vez todo el mundo lo recuerde, y seguro que más de uno de vosotros dio un brinco al ver a Jason emerger del agua.

“Todo acaba y vuelve la luz”, recordaba Cunnigham. “Amanece, ella está en ese bonito lago y él sale de las profundidades. Musicalmente, él aparece en un momento inesperado. Así sorprendes a los espectadores. Para el papel de Jason, contratamos a Ari Lehman. Vino y lo hizo”, sentencia el director. Aquello no estaba en guión original; pero funcionaba como un tiro. “Pasamos frío, pero nos pusieron estufas y nos dieron toallas. Lo repetimos varias veces”, reconocía una joven Adrienne King.

La actriz Betsy Palmer en una de las escenas de Viernes 13

Tom Savini, creador de los efectos especiales, y que quizás conozcáis por su papel de pistolero genital en Abierto hasta el amanecer (Robert Rodriguez, 1996), decidió junto a Miller que el ser que saldría del agua sufriera algún tipo de discapacidad mental y un deformidad física. Fue Savini el que apostó por la hidrocefalia que sufre el personaje. Además de eso, Savini, también intervino como doble en algunas escenas.

Aquel susto era completamente inesperado, todavía no conocíamos el término jump scares, y aquel sigue siendo uno de los mejores. ¿Quién no ha saltado de la silla o el sofá al verlo? “Debido a ese final de pesadilla, y gracias a Sean, y a ese gran artista que es del maquillaje Tom Savini, le convirtieron en un anormal de aspecto monstruoso. Era horrible”, comenta Miller. Cuando los directivos de la Paramount vieron la película y saltaron atemorizados al ver salir a Jason del lago, aquello estaba hecho. Warner iba a dedicarse a la distribución internacional y los propios Paramount a la estadounidense.

“Lo más importante en el cine es ganar dinero, porque así se permiten hacer más películas y correr más riesgos sin que te culpen” 

Sean S Cunnigham

Viernes 13 solo era una película independiente, sin estrellas, recordemos que en el filme aparecía Kevin Bacon pero en ese momento no lo conocía nadie. Su muerte sigue siendo una de las más recordadas, con aquella flecha saliéndole por la garganta mientras estaba tumbado en la cama. Si el filme tenía algo, era que no escatimaba en hemoglobina, algo que impactaba y que era marca del género.

Aunque el público recibió el filme con absoluta fascinación, la crítica, en su habitual miopía para con el cine de género, la acribilló a descalificaciones. “La crítica se cargó la película por ser meramente comercial y no tener ningún interés”, explicaba el directo con cierto asombro. Con todo, el filme fue un éxito comercial, eso que odiaban los críticos. El neoyorkino era mucho más pragmático, como ya hemos mencionado cuando intentó rodar cine familiar pensando que aquello era lo que deseaba el público.

“Lo más importante en el cine es ganar dinero, porque así se permiten hacer más películas y correr más riesgos sin que te culpen. Me ofrecieron muchas oportunidades a raíz de esta película”, comentaba.

“En el estreno en Broadway, la sala estaba abarrotada. Gritaban de verdad”

Adrienne King

Para Adrienne King el éxito fue abrumador, “en el estreno en Broadway, la sala estaba abarrotada. Gritaban de verdad”. Tampoco se quedaba atrás en su sorpresa el director. “Los que salían decían a los que entraban: más vale que vigiléis, y es genial. Fue todo un acontecimiento”, rememoraba Cunningham.

No todo fueron alegrías tras el estreno. La protagonista superviviente, Adrienne King, sufrió el acoso de un tipo que llegó a presentarse en una casa. Fue tanto el miedo que penetró en la piel de la actriz, que llegó a plantearse dejar el mundo de la interpretación, por suerte el acosador fue detenido. Estaba claro que aquel fenómeno cinematográfico era algo que Paramount no iba a dejar que se apagara tan rápido.

Los directivos veían en aquello un filón: una película barata de producir que atrae a miles de jóvenes a las salas. “A los pocos días del éxito, hablamos de hacer una segunda parte, y la sugerencia vino directamente de la Paramount”, recordaba el director.

Entrada al Crystal Lake, el campamento de Viernes 13

 

“A mis amigos les parecía que era importante hacer regresar al personaje de Jason. Yo pensaba que era la peor idea que había oído, pero estaba totalmente equivocado”

Sean S Cunningham

El éxito había que seguir explotándolo, pero el público no era idiota y necesitaba una dosis más alta de violencia y terror. “Matasteis a ocho, el año que viene matad a doce. A mis amigos les parecía que era importante hacer regresar al personaje de Jason. Yo pensaba que era la peor idea que había oído, pero estaba totalmente equivocado”, admitía el neoyorkino.

Luego llegó la segunda entrega, ya sin Cunningham en la dirección, éste fue sustituido por Steve Miner, realizador que en 1986 rodó la muy interesante Warlock. Miner se quedó en la franquicia en dos películas y con él llegó en la tercera parte archiconocida máscara de hockey.

Rescataron brevemente a la superviviente Alice para ser asesinada ya por Jason con un picahielos. Todavía nuestro villano favorito no portaba la máscara, sino que llevaba en la cabeza una especie de saco con un agujero por donde asomaba un ojo, quizás menos potente que la máscara de hockey pero más inquietante.

Su presupuesto se vio ampliado al doble, aproximadamente 1.005.000 dólares. El paso del tiempo mermó al personaje, pero en la memoria colectiva siempre estará esa máscara de hockey, esas cabañas de Crystal Lake y aquellos gritos de pavor.

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