Excavando en la Medina Azahara

Javier Lizán

Nos moriremos sin escuchar toda la música que pretendemos. Te incluyo porque si estás leyendo esto serás una persona melómana (o mi padre, ¡hola, papá!). Pero hablo desde el punto de vista positivo, es decir, no desde la imposibilidad temporal de abarcar el vasto catálogo musical pendiente, sino de las casi infinitas opciones de escucha que tenemos por delante. Bajando el concepto a tierra, o a nuestro ruido preferido: aunque mañana muriese el rock como llevan décadas vaticinando los aguafiestas, podría seguir escuchando nuevo material para mis oídos. Nuevo para mí, esa es la clave: siguen quedando muchísimas bandas por descubrir, tanto las soterradas bajo una montaña de bandas como aquellas (en activo o no) que despuntaron pero que no profundicé en ellas.

Toda esta parrafada mental para decir que me he metido en vena todo lo editado por Medina Azahara, archiconocido referente del rock andaluz. ¡Y qué disfrute! Ya el pistoletazo de salida deja claro que iba a encontrarme con material que valía la pena. La mítica “Paseando por la mezquita” me encanta, especialmente las líneas vocales de su segunda parte, qué manera de atraparme. Para colmo, es de las pocas ocasiones en que una regrabación posterior me seduce, como es el caso de la que editaron en Se abre la puerta de 2007.

Esa primera década de los 80 es, en mi neófita opinión, la más heterogénea del combo, con sus primeros discos más elaborados compositivamente, con toques muy progresivos, como puede escucharse también en cortes como “En la mañana” o la lisérgica “Andalucía”, que más adelante dejarían de lado en pos de un sonido más directo y melodías más sencillas. Entre medias se acercan incluso a tesituras pop-rock en Caravana Española, con algunas composiciones como “Navajas de cartón” que bien podría ser un crossover con Camela (con quien, por cierto, colaboraron hace unos años).

Cerraban la década, como decía, acercándose a un sonido más potente y con ¡En vivo!, un directo en el que dejaban clara su lógica influencia de Triana, auténticos padres del Rock Andaluz, cerrando dicho álbum con una poderosa versión de “El lago”. Pero si algo destacaría de ese directo es la ganancia del tema “Velocidad”, de esas ocasiones en las que pasa por arriba a la versión de estudio, algo descafeinada en mi opinión. De hecho, mantienen esa fórmula para dicha canción en toda su carrera, con Manuel Martínez motivando a la audiencia que da gusto:

Algo bueno de redescubrir bandas (por muy veteranas que sean) es, además de la natural sensación de novedad y descubrimiento, poder valorar a posteriori si, por ejemplo, un álbum icónico te suena como tal u otro álbum lo consideras infravalorado, y poder departir con… bueno, con casi nadie dependiendo del caso y de la actualidad de su sonido. Pero no pasa nada, al contrario, en el heavy rock sentirse un bicho raro es algo inherente, casi diría que es un plus. ¡Orgullosamente inadaptados! Y encima hoy día puedes autodenominarte outsider y hasta queda bien.

Fuera de bromas, cuando entras en la etapa de los 90 entiendes que fuese su época gloriosa. Como decía, un sonido más directo, más contundente, con el álbum Sin tiempo rebosando energía en temas como su gran himno “Necesito respirar”, “Junto a Lucía”, la famosa versión heavy de Módulos (“Todo tiene su fin”), o el sonido al más puro estilo Rainbow con “Algo nuevo”, pero dejando también espacio para su gran balada, “Sólo y sin ti”, muy por encima de cualquier balada de su discografía que, por poner el contrapunto crítico, no es lo que más me enamore de la banda.

Este cambio en el sonido del grupo revela además su independencia musical respecto a su época, ya que eran malos tiempos para el heavy y el rock duro, pero desecharon otros sonidos de la misma manera que ignoraron las sugerencias para rebajar su marcado acento andaluz. ¡Olé por ellos!

Ese cambio de sonido llegó para quedarse. Personalmente creo que alcanzó su cúspide en el siguiente álbum, Dónde está la luz. No puedo hacer más que recomendarlo. Por favor, ¡no te lo pierdas! Es un álbum abiertamente heavy y más melódico si cabe. ¿Se puede pedir más? Las líneas vocales de “A toda esa gente”, los teclados de “Palabras de libertad” y “No necesito palabras” (parece un juego de palabr… déjalo), la versión cañera de “No quiero pensar en ese amor” de Módulos (sí, otra vez Módulos), la morisca “El pozo de mi sed” o el canto optimista de “Dame tu mano” hacen de este mi disco preferido: fuerza y emoción cogidos de la mano.

¿Y desde ahí cuesta abajo? No hombre, no. Hemos llegado a la cima, las vistas son preciosas, pero a mediados de los 90 aún queda mucho tramo que disfrutar paseando por la … montaña. De hecho, lejos de acomodarse, en este punto incorporan a su sonido elementos de la música árabe, convirtiéndose en el principal exponente de ese mestizaje, muy perceptible en cortes como su clásica “Favorita de un sultán” (del disco Árabe, por si había alguna duda), “Danza al viento” o “El lento atardecer”, ambas dos de su siguiente LP Tánger donde participa la orquesta marroquí Taktuka Yeblia.

Nos encontramos en una etapa de riqueza, donde se entremezclan las comentadas raíces árabes, enérgicos cortes de rock duro aflamencado como “Loco por ti” y “Nos estamos olvidando” que bien podrían ser versiones de Los Chichos, y composiciones más cercanas al hard rock clásico como “Tiempos felices” y “Aniversario”, con el cual abrían su álbum-celebración de 20 años en activo y consiguen subir el ánimo ya con las primeras notas del teclado

Ya entrados en los 2000 la banda nos sigue regalando todas esas facetas (la canción “Azahara” es un buen ejemplo arabesco) además de incorporar algunos discos de versiones donde rinden merecido tributo a sus influencias, muy especialmente a Triana. Con una actividad ininterrumpida, coinciden con la eclosión de la segunda ola de heavy metal de nuestro país, y eso se percibe en algún corte netamente heavy como “Rompe esa cruz”, muy al estilo de las bandas que lideraban aquel movimiento, con un marcado doble pedal y guitarras estilo neoclásico. La acompañaban en Aixa temas indispensables como “Córdoba”, precioso himno a la ciudad, o la genial “El vaivén del aire”, donde empasta perfectamente la voz de Antonio Orozco

De la última etapa de su carrera, a partir del 2010 y hasta hace apenas 3 años, me quedo con Las puertas del cielo del 2014, con cortes como “Déjame soñar” en los que dejan claro que su veteranía no les arruga, ¡menuda base rítmica! Personalmente creo que está por encima del resto, con los que no acabo de conectar tanto. En cualquier caso, lo que está claro es que no bajan el ritmo productivo, alcanzando 47 años de carrera sin parar de editar discos y tocar en directo

Todo tiene su fin. Así es como ellos mismo han titulado, en honor a su conocida versión, su gira de despedida que finaliza en noviembre de este año con un último y especial concierto en Madrid. Vaya, ¡me has pillado! Me decidí a bucear en su enorme legado musical cuando supe que se retiraban ¡Y no me arrepiento! Ese instinto en busca de la última oportunidad me ha proporcionado eso que la buena música consigue en el alma, esa micro-felicidad que nos acompaña y pone melodía a nuestros días. ¡Gracias Medina Azahara!

Aquí una selección de canciones de Medina Azahara elegidas por Javier Lizán