Richard Ashcroft: Una canción para los amantes.

Javier Caro

Estoy completamente seguro que alguna vez han escuchado la canción Bitter Sweet Symphony, y si no la recuerdan, algo imperdonable, seguro que sí recuerdan el videoclip. Era ese donde un tipo de pelo largo, gafas de sol y aspecto resacoso caminaba por una fría calle de Londres, Hoxton Street, sin que nadie interrumpiera su trayecto, chocándose con la gente a su paso. Ahora, sí, ¿verdad? Estamos hablando de la última gran banda de lo que fue el Brit Pop, The Verve. Y aquel disco, Urban Hymns (Hut, 1997), ganador del Premio al Mejor Álbum del año en los Brit Awards en 1998, sería el último éxito para un grupo que había alcanzado el cielo de la música

Subidos al tren bala del Brit Pop junto a bandas como Radiohead, Oasis o Blur estos se bajaron en la siguiente estación. El 27 de abril de 1999 publicaron un comunicado oficial donde anunciaban su separación. Urban Hymns era su tercer disco tras A Storm in Heaven (Virgin, 1993) y A Northern Soul (Virgin, 1995). Richard Ashcroft y Nick McCabe, guitarrista del combo, tuvieron muchos problemas en la grabación de A Northern in Heaven, eso, sumado a unas ventas por debajo de los esperado, hicieron que el guitarra abandonara la banda.

Por suerte, McCabe regresó al grupo y pudieron grabar un álbum para el recuerdo, con canciones tan melódicas como The Drugs Don´t Work, un sencillo opacado por la brillantez de Bitter Sweet Symphony o la belleza etérea de Sonnet. Ashcroft venía de una familia de clase trabajadora en Wigan, al noroeste de Inglaterra, no era un gran estudiante y por fin había logrado el éxito y la fama, algo que le repelía profundamente. El magnetismo de Ashcroft y su fuerza escénica estaba clara en cualquier videoclip o entrevista, esa chulería, propia de la época, y un tanto heredada de Oasis y compañía, le daban al conjunto una sobriedad y una imagen totémica, y Ashcroft se presentaba como figura principal. Sin él, sin su presencia, nada hubiera sucedido. The Verve regresaron para publicar un elepé, Forth (2008), pero al final los desencuentros (por llamarlo de alguna forma) entre el guitarrista y el vocalista hicieron que The Verve no tuvieran más continuidad. De hecho, éste es un disco poco recordado de la banda.

Tras esta disolución, la primera, y estar dejando atrás sus problemas con las drogas, Ashcroft se enfrentaba a la publicación de su primer disco en solitario. Acababa de ser padre con Kate Radley de su primer hijo, Sonny. Una nueva etapa se abría para el inglés, que según ha explicado en alguna entrevista, fue salvado de la muerte por su mujer y sus dos hijos. Por delante tenía una tarea complicadísima tras el éxito del último elepé publicado con su anterior banda. El 26 de junio de 2000 llegaba Alone with Everybody, un título realmente revelador sobre su situación personal. El álbum llegó al número uno de Inglaterra. El videoclip del sencillo, hoy convertido en obra de culto, A Song for The Lovers, fue dirigido por uno de los mejores directores que ha dado Inglaterra, Jonathan Glazer, que ya había trabajado con Massive Attack o Blur en algunos videoclips. Y que después dirigiría películas como Under my Skin (2013) o La Zona de Interés (2023), nominado por este filme al Oscar como mejor director.

A song for The Lovers se convirtió en un éxito, incluso en España. Recuerdo como en Los 40 Principales sonaba de forma habitual. El tema contaba con una base melódica realmente emocionante con cuerdas y extrema sensibilidad. Otra canción, que nos recuerda más a The Verve, es el Money to Burn. Incluso en el videoclip parece acercarse más a la imagen que mostraba en Bittersweet Symphony, aunque en este caso se grabó en Wall Street, en Nueva York. Alone with Everybody parece un canto a la nueva vida que el mundo le ha regalado a Ashcroft tras una etapa de vida disoluta con Noel Gallagher como compañero de juergas.

Y es que Noel y Richard se hicieron amigos en una gira donde The Verve teloneó a Oasis, la amistad llegó a un punto donde Liam grabó aplausos en el tema History de A Northern Soul, que fue producido por Owen Morris, que había trabajado con Oasis. Noel terminó componiendo el tema, Cast no Shadow del (What’s the Story) Morning Glory? (1995), que, además, fue la última canción que grabó para el disco, dedicada a su amigo, Richard Ashcroft.

Aquella canción, A song for The Lovers, nacida en una habitación de hotel mientras escuchaba Love Will Tear Us Apart de Joy Division, fue la puerta de entrada a un universo, el de Ashcroft, muy especial y sensible. Durante toda su vida musical, el inglés, había estado arropado dentro del paraguas de una banda; ahora volaba en solitario, una sensación extraña recorrió su cuerpo. “No sentí presión hasta que estuve cerca de terminar el disco”, comentaba. “Entonces me abrumó la cantidad de lugares diferentes a los que podría haber ido… Podría haber sido un disco de New York o un disco de gospel extraño al estilo de You on my Mind”, decía en el canal VH1, en julio de 2000

Como he dicho, no solo el disco tiene A song for The Lovers, dentro del redondo hay temas como New York, que es la que más me recuerda a la mejor época de Oasis con el disco, Definitely Maybe (1994) y sobre todo una canción en la cara B como Leave me High (que bonitos esos violines), que son de los mejor del elepé. En Alone with Everybody encontramos experimentación musical, todo lo que tenía Ashcroft dentro; sin embargo, todo tenía que ser muy real, muy orgánico, que se pudiera simplificar con una guitarra. “No hay límites…”, explicaba en Mean Magazine- “y creo que esa es la única forma en que el rock´n´roll de raíces, tradicional, puede crecer o sobre vivir, pero el núcleo real de la canción tiene que estar ahí: tienes que ser capaz de coger una guitarra o un piano, cantar esa canción y que emocione a la gente”, remataba.

Ashcroft comentaba cuál era su situación en el pop inglés en una entrevista al portal Artezeta: “Ahí, yo soy un outsider. Soy un rebelde, no soy un tipo del mainstream y eso hace que nadie me diga qué hacer, cómo vestirme, cómo sonar o cuánto tienen que durar mis canciones. Mi rol es el de mostrar que se puede ser exitoso siendo como uno quiere ser. Desde hace años se pasa en la radio música que parece cool, que tiene lindas melodías y que uno cree que está buena, pero cuando le prestas atención te das cuenta de que las letras no dicen nada. Así, mi rol es subvertir a través de lindas melodías”

Quizás The Verve regresen por cuarta vez a los escenarios como han hecho Oasis con una gran aceptación. Estamos asistiendo a muchos regresos inesperados por dinero. Si vuelven, que lo hagan con un nuevo álbum.

Javier Caro