Miyazaki para impacientes: El libro que explica por qué sus películas son arte

Javier Caro

Recuerdo que me alquilé La Princesa Mononoke en el videoclub del barrio, un lugar verdaderamente añorado por mí (hoy hay una frutería) y me quedé absolutamente impactado. Ya había visto Akira, de la que hablamos en este medio, y muchas series, pero aquello era totalmente diferente. Hayao Miyazaki ha sido un auténtico referente para todos, y ahora tengo el gusto de hablar con Raúl Fortes Guerrero sobre su figura por la publicación de su libro: Hayao Miyazaki (Ediciones Akal)

Explica en el libro, Hayao Miyazaki, que este trabajo tenía que haber salido a la luz hace una década, pero por diversas cuestiones, no fue así. Lo que sí que sucedió es que ese trabajo se convirtió en su tesis doctoral. Ahora que vemos su trabajo transformado el libro, ¿qué cambios ha incluido en Hayao Miyazaki con respecto a dicha tesis? ¿fue difícil esa adaptación?

Lo normal es que la gente haga primero su tesis doctoral y luego la publique bajo forma de libro. No obstante, en mi caso, el proceso fue justo al revés: en el momento de la realización de mi tesis doctoral, yo ya tenía escrita la monografía sobre Miyazaki, pero esta no se había publicado aún, y, aprovechando esa circunstancia, transformé el libro en una tesis añadiéndole las partes propias de esta (resumen, objetivos, metodología, estado de la cuestión, conclusiones…) y una serie de tablas y textos complementarios en los apéndices finales -que fue lo más costoso-, aunque manteniendo el texto inédito original como cuerpo principal del trabajo.

Dos años después de la defensa, el libro salió, por fin, publicado prácticamente igual que como yo lo había dejado antes de ponerme con la tesis, pero, eso sí, totalmente actualizado, puesto que Miyazaki había seguido trabajando y produciendo obras durante ese intervalo. Esos datos actualizados fueron el principal cambio con respecto al texto original, es decir, con respecto al texto de la tesis, de modo que el libro, al salir después, está más actualizado, pero la tesis, que cuenta con doscientas páginas más, tiene una mayor cantidad de información, entre otras cosas, porque incluye en los apéndices finales la ya mencionada serie de tablas y textos complementarios que no se pudieron añadir luego a la monografía por motivos de espacio.

Ha vivido en Japón, lo cual, sin la menor duda, le da una visión más personal del fenómeno sobre Miyazaki y su impronta en la sociedad japonesa. ¿Se puede entender la actual situación del anime a nivel mundial sin el concurso de Miyazaki? ¿cree que hubiera obtenido ese estatus, que no fama, del mismo modo sin él?

El anime debe su estatus actual a toda una serie de autores que han sabido extraer de él lo mejor y ponerlo a la misma altura que el cine de acción real en lo que a logros narrativos y expresivos se refiere. Entre esos autores está, por supuesto, Hayao Miyazaki. No es el único -ahí tenemos la obra de otros directores también importantes como Isao Takahata, Satoshi Kon, Katsuhiro Ôtomo, Mamoru Oshii o Makoto Shinkai, por ejemplo-, pero, con su producción, qué duda cabe, Miyazaki ha contribuido a poner los dibujos animados japoneses donde hoy día están, aportándoles su propio estilo.

Cada artista es irrepetible, y, por ende, irremplazable. Por eso, si no hubiera existido Miyazaki, aunque el anime quizá hubiera alcanzado igualmente el estatus que ahora tiene, estaría más incompleto, más huérfano de temas y de modos de ver el mundo… No sería lo mismo. Por otro lado, hablar de Miyazaki es hablar del Studio Ghibli, fundado por él y por su colega y amigo Takahata, y el Studio Ghibli ha sabido, además de todo lo ya mencionado, vender muy bien sus productos -no solo sus películas, sino todo el merchandising que estas llevan aparejado- en el mercado internacional, con lo que ha conseguido llegar aún a más gente dentro y fuera de Japón. De ahí su especial impacto en la sociedad.

“Indudablemente, la inclusión de elementos fantásticos en el ámbito de la cotidianeidad, como ocurre en el realismo mágico, es uno de los temas rectores de la obra miyazakiana y uno de sus sellos más distintivos”

– Raúl Fortes

Lo fantástico, místico y espiritual se mezclan con lo humano como un todo natural en la obra de Miyazaki, como si fuera lo más normal del mundo, en Occidente estos conceptos están más alejados, ¿cree que uno de los pilares de la obra de Miyazaki reside en la línea entre la realidad y la fantasía, entre el sueño y la realidad tangible?

Indudablemente, la inclusión de elementos fantásticos en el ámbito de la cotidianeidad, como ocurre en el realismo mágico, es uno de los temas rectores de la obra miyazakiana y uno de sus sellos más distintivos. Sin embargo, lo que Miyazaki hace es simplemente trasladar al anime una idea básica del pensamiento religioso japonés: la permeabilidad entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre lo humano y lo divino, entre lo real y lo maravilloso, que, ciertamente, tiene la misma entidad verdadera que lo que llamamos “realidad”.

En Occidente, estas categorías están claramente divididas y separadas en compartimentos estancos, pero, en Japón, no; las fronteras son más difusas porque tanto el sintoísmo como el budismo -los dos principales credos del país, que tanto han influido en la formación de la mentalidad nipona- privilegian esa visión del mundo. Por eso este aspecto del cine de Miyazaki nos llama a nosotros tanto la atención.

¿Para usted cuál sería la película que mejor define, de forma global, la obra, las filias y lugares comunes de Miyazaki?

Prácticamente cualquiera de ellas serviría para ilustrar las constantes éticas y estéticas que articulan su producción, teniendo, además, en cuenta que estas están presentes ya desde sus primeras obras. Aun así, si tuviera que decantarme por un título, creo que elegiría La princesa Mononoke. O El viaje de Chihiro, que, con razón, está considerada su obra maestra, aunque a mí, personalmente, no es la que más me gusta.

Para muchos el éxito internacional, o primer éxito que nos llegó con fuerza, fue La Princesa Mononoke, aunque también se estrenó Porco Rosso, ¿Por qué tardó en llegar un autor tan importante en Japón a nuestras tierras?

En realidad, ya había llegado aquí mucho antes del estreno de esas películas, pero lo hizo de incógnito, cuando aún no era famoso… Me estoy refiriendo a las series Heidi y Marco, dirigidas por Isao Takahata, pero en las que Miyazaki trabajó como diseñador de escenas y encargado del layout. Ahora bien, si hablamos de sus películas, es cierto que la primera en estrenarse comercialmente en nuestro país fue La princesa Mononoke, porque Porco Rosso, que se había proyectado años antes en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, donde ganó el Cristal al mejor largometraje, no llegó a exhibirse en las salas españolas, pasando a ser aquí directamente editada en DVD.

Justo esa película fue la prometedora carta de presentación de Miyazaki en Occidente, donde, hasta ese momento, no era tan conocido, a pesar de haber firmado ya obras maestras como Nausicaä del Valle del Viento o Mi vecino Totoro. Ese reconocimiento, en el caso de España, no llegó hasta el estreno de El viaje de Chihiro, y porque venía avalado por la enorme lista de galardones cosechados en distintos festivales cinematográficos, entre ellos, el Oso de Oro de la Berlinale y el Oscar de Hollywood. De hecho, su premiación en el Festival Internacional de Cine de Berlín sorprendió a los críticos españoles, que, en sus visionados, la habían pasado por alto.

Ello testimonia la escasa consideración que, en nuestro país, ha tenido tradicionalmente la animación -situación que, por fortuna, se está revirtiendo-, y, en especial, la animación japonesa, durante mucho tiempo reducida de manera simplista a sexo y violencia. Este desconocimiento de la variedad y calidad del anime, falto hasta hace pocos años de estudios serios que educasen la mirada del espectador hispano, es, en mi opinión, el principal motivo por el que aquí hemos tardado tanto en disfrutar de las películas de Miyazaki -no fue, de hecho, hasta 2009 cuando el Studio Ghibli firmó un acuerdo con Aurum Producciones (eOne Films Spain desde enero de 2013) por el que esta compañía adquiría los derechos de distribución de sus películas en España-.

Parece que Miyazaki mira con recelo el progreso tecnológico, como usted mismo dice en el libro, su cine aboga por la comunión con la naturaleza, ¿Por qué cree que su cine parece criticar el progreso tecnológico?

No tienen por qué estar reñidas una cosa con la otra, y no pienso que Miyazaki critique el progreso tecnológico. Sería absurdo por parte de alguien que, en su trabajo como animador, tanto ha recurrido -y recurre- a la tecnología. Lo que sí hace el director japonés es llamar la atención sobre los peligros de su uso indiscriminado y descontrolado. Por eso en su cine la ciencia y la tecnología siempre tienen un carácter ambivalente. No son en sí mismas buenas ni malas; todo depende del uso que les demos y de con qué finalidad lo hagamos.

“Ganar el Oscar, que es el máximo galardón al que cualquier cineasta puede aspirar, da mucha más visibilidad al trabajo de un autor, y eso es lo que ocurrió con El viaje de Chihiro fuera de las fronteras nacionales. En ese sentido, el film sí supuso un punto de inflexión para Miyazaki y para el Studio Ghibli, cuyas siguientes películas se estrenarían comercialmente en las salas de cine de todo el mundo”

– Raúl Fortes

¿Cómo fue de importante para el Studios Ghibli el Oscar a El Viaje de Chihiro?

El viaje de Chihiro es una película de 2001, y el Studio Ghibli se creó en 1985, es decir, que, cuando el film ganó el Oscar, el estudio llevaba ya más de quince años funcionando y había producido un buen puñado de obras maestras que, además, habían constituido arrolladores éxitos de taquilla en el país nipón. No creo, pues, que necesitase ningún espaldarazo, al menos, en Japón, pero sí es cierto que ganar el Oscar, que es el máximo galardón al que cualquier cineasta puede aspirar, da mucha más visibilidad al trabajo de un autor, y eso es lo que ocurrió con El viaje de Chihiro fuera de las fronteras nacionales.

En ese sentido, el film sí supuso un punto de inflexión para Miyazaki y para el Studio Ghibli, cuyas siguientes películas se estrenarían comercialmente en las salas de cine de todo el mundo, y cuyos anteriores trabajos comenzarían, a partir de entonces, a editarse en DVD y a darse a conocer en retrospectivas cinematográficas aquí y allá, llegando hasta su actual exhibición en plataformas de streaming como Netflix o Filmin.

Siempre he pensado que, como en La Princesa Mononoke, en Nausicaä del El Valle del viento (1984) también es una de sus obras más complejas, por la cantidad de personajes y de visiones sobre lo que ha sucedido. ¿Crees que esa visión donde no hay buenos ni malos claros, pueden despertar más el razonamiento crítico del espectador? ¿un guion así, en un estudio tradicional, sería más difícil de vender por su complejidad?

Efectivamente, Nausicaä del Valle del Viento y La princesa Mononoke, que son las dos caras de una misma moneda, constituyen los dos mejores ejemplos de la multiplicidad de puntos de vista en Miyazaki. En ambas películas aparecen distintos grupos humanos enfrentados entre sí y, al mismo tiempo, enfrentados a la naturaleza de la que, sin saberlo, forman parte. Todos ellos tienen razones para actuar como actúan, y, con tal caleidoscopio de motivaciones, es imposible tomar partido por uno o por otro; el espectador está obligado a replantearse continuamente sus posiciones.

Como bien apuntas, las películas de Miyazaki no son historias de enfrentamientos entre buenos y malos porque, a decir verdad, nadie en la vida real es totalmente bueno ni malo. El propio budismo incide en esta idea de que tal dualidad no existe. Aun así, ese esquema maniqueo es el que ha funcionado -y sigue funcionando- en el cine –incluido el de animación–, en el que se repite hasta la saciedad porque es sumamente atractivo, irresistible, casi, para el gran público, al que la lucha entre buenos –aquellos con los que se identifica– y malos –los demás– resulta cómoda, conveniente y tranquilizadora para su conciencia, además de constituir un mecanismo simple y eficaz para dar sentido a nuestro confuso mundo. También por eso la obra de Miyazaki -opuesta a las convenciones del mainstream– es tan revolucionaria y llama tanto nuestra atención.

Por último, ¿cuál es su película favorita de Hayao Miyazaki y por qué?

La princesa Mononoke ha dejado en mí una huella especial no solo por su argumento y por cómo está narrada, sino también por haber sido mi puerta de acceso al universo de su autor, ya que fue la primera película de Miyazaki que yo vi. Sin embargo, si tuviera que quedarme con un solo título de toda su producción, elegiría Ponyo en el acantilado. Después de verlo, mi visión del mar, del que procedemos todos -al fin y al cabo, fue en sus aguas donde se originó la vida-, nunca ha vuelto a ser la misma.

Ese film luminoso y optimista me ha hecho reflexionar más que todos los documentales de Jacques Cousteau juntos, que ya es decir… Además de parecerme una obra magistral desde el punto de vista técnico, me parece una deliciosa inmersión en el universo de la infancia y una hermosa parábola sobre las relaciones entre padres e hijos, la asunción de responsabilidades y la importancia de la amistad y del amor al prójimo y a la naturaleza; un himno gozoso, en definitiva, a la belleza del mundo, con el que nos acaba reconciliando.


Javier Caro