Tin&Tina entrevistamos a su director: Rubin Stein

Javier Caro

Hablar del Tin&Tina (2003) es hacerlo de la película de terror española (y quizás internacional) más arriesgada de los últimos años. El director de la trilogía de cortometrajes de la Luz y la Oscuridad se lanzaba al largometraje en 2023, dejando a todo el mundo que desconocía su trabajo previo, totalmente boquiabierto. El terror partía de unos niños, nada nuevo hasta ahí, se mezclaba con el cristianismo, la bondad; pero también el temor a la maldad, a esos niños, a ese ambiente tan enrarecido que transmite todo el conjunto. Charlo con Rubin Stein, director del filme, sobre esta joya que merecía más repercusión en taquilla, y que finalmente la encontró en las plataformas, y que con el paso del tiempo se erigirá como obra de culto, de riesgo calculado y de la definición perfecta del misterio dentro del terror.

Tin & Tina es la continuación de tu cortometraje del mismo nombre, un trabajo que tuvo un éxito enorme en festivales y que te hizo viajar por medio mundo, la gente te pedía una película ¿cómo fue aquella época donde ibas presentando el corto? ¿en qué momento te diste cuenta de la necesidad que había de seguir narrando la historia de estos dos granujas?

Recuerdo esa época con nostalgia y emoción a partes iguales. Era un cortometraje arriesgado: blanco y negro, plano secuencia, dos niños protagonistas, mezcla de géneros… y sabía que, de cara al circuito de festivales, era una apuesta a todo o nada. Afortunadamente, el experimento salió bien. Y, allá donde se proyectaba, ya fuese en Beijing, Bucarest, Madrid o Los Ángeles, era curioso advertir cómo se repetía una misma situación: en las Q&A posteriores a la proyección alguien del público preguntaba por una posible adaptación a largometraje. Así, gota a gota se fue llenando el vaso de mi propia curiosidad por ampliar el universo que rodeaba a estos niños tan especiales y por profundizar en determinados conceptos religiosos en la búsqueda de los límites entre el bien y el mal.

Fotograma de la película Tin&Tina (cedida por el director)

Me voy a detener un segundo en tu Trilogía Luz & Oscuridad (Tin & Tina (2013), Nerón (2017) y Bailaora (2018)) que comparten muchos aspectos como el blanco y negro y la banda sonora de Juan Carlos Casimiro, la misma en los tres, ¿qué más tienen en común para ti y qué deseabas contar en conjunto?

La trilogía Luz & Oscuridad explora los límites del bien y el mal inherentes al ser humano aproximándonos al concepto de “alma” desde tres vértices vitales fundamentales: familia, política y religión. Los tres cortometrajes son cuentos independientes, pero al mismo tiempo comparten conexiones: blanco y negro, atemporalidad, suspense, leitmotiv musical… y otros elementos narrativos.

Además, el ejercicio de estilo completo de esta trilogía consistía en que la puesta en escena de cada cortometraje se fundamentara en un formato concreto dentro de la evolución histórica de la imagen: Tin & Tina arranca con una pintura de Goya y su puesta en escena (con un plano secuencia casi estático) es, en apariencia, la de un cuadro en movimiento; Nerón comienza con una fotografía ardiendo y toda la narrativa (mediante un juego con cerillas que se encienden y apagan) gira alrededor de la veracidad o no de un instante capturado; y Bailaora, que arranca con imágenes cinematográficas mudas (fotografías en movimiento) de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, es un cortometraje sin diálogos, con una narrativa donde la danza (el movimiento) es un elemento esencial.

“Tin & Tina es, en su esencia, una película de misterio. Como decía Buñuel: “Ustedes creen en Dios. Yo creo en el misterio””

Soy fan del terror, pero encuentro que el filme tiende más al misterio, al thriller, de dónde vienen los chicos, son malos, hay algo sobrenatural en ellos… ¿Querías acercarte más a ese género que al terror puro? ¿crees que la gente la ve más como un filme de terror?

En la promoción de la película hemos hecho algo que, la verdad, no sé si se había hecho antes de manera consciente y que, a buen seguro, va en contra de todas las técnicas de manual de marketing: un trampantojo. Dado que la película plantea un juego con el espectador (y con los clichés adheridos al género) decidimos que todo fuese un juego, partiendo del póster (que “vende” una película mainstream de terror puro, pero rasgado por los niños con Tina mirando desafiante a cámara) y terminando en el tráiler (donde el amable “Superdiscochino” se superpone a una batería de imágenes perturbadoras).

Efectivamente, éramos conscientes del riesgo que implicaba esto: los fans del terror puro podrían salir decepcionados al no ver satisfechas sus expectativas y, quizás, podíamos perder otros espectadores menos afines al género por pensar que se trataba de terror puro… pero, al final, pensamos que este juego, aunque arriesgado era lo más honesto y confiamos en que, quizás más tarde que pronto, la película encontraría su público y su sitio. Como bien comentas, Tin & Tina es, en su esencia, una película de misterio. Como decía Buñuel: “Ustedes creen en Dios. Yo creo en el misterio” Y, como maridaje para ese misterio, hay elementos de suspense, drama, terror y humor negro. Si por algo nos caracterizamos los españoles es por nuestro sentido del humor tan castizo. Me gusta mucho retorcerlo y que este humor negro sobrevuele una atmósfera de tensión malsana. Ahí ocurren cosas interesantes.

En el cine de terror es habitual que entre el tema religioso, sobre todo católico. Tin & Tina tiene como columna vertebral la religión llevada al extremo, me parece que es una rara avis en ese mundo, pues no se posiciona en ningún momento y te lleva al límite de las creencias. ¿sentías que estabas haciendo una cinta que era totalmente novedosa en el tratamiento de la religión en el cine de género? ¿hubo alguna duda con el tono del filme en ese sentido?

Me interesan mucho las películas que exploran un tema desde diferentes aproximaciones, que plantean preguntas pero que, al mismo tiempo, dejan al espectador que tome sus propias conclusiones. Con la religión más si cabe, porque… ¿quién soy yo para afirmar o negar la existencia de Dios?

Lo importante es la duda, el misterio. La vida es un misterio maravilloso. Pero es cierto que esta aproximación hizo más complicada la financiación de la película, no fueron pocos los momentos en los que se pedía un final cerrado y un posicionamiento claro con respecto a los niños. Pero yo siempre tuve claro que el tono y la aproximación debían ser los de una experiencia religiosa. Por eso la película comienza con la descripción de una teofanía. Una fascinación misteriosa.

Estamos acostumbrados al miedo hacia los niños en los filmes de terror, como El Pueblo de los Malditos o ¿Quién puede matar a un niño?. En Tin & Tina los hermanos son realmente angelicales, muy bueno, y eso, contrariamente a lo que podríamos pensar, genera más miedo, ¿fue difícil lograr que niños, aparentemente tan encantadores, produjeran tanto temor e inseguridad? ¿fue complejo jugar con esa paradoja?

De nuevo, el juego. En este caso con las películas de “niños malos”. Efectivamente, siempre ha habido una tendencia a que los infantes sean presentados como retorcidos, agresivos y de miradas afiladas. Eso me parece mucho menos interesante que lo contrario: niños angelicales, educados y cariñosos a los que juzgamos negativamente precisamente por nuestro bagaje cinéfilo y literario previo sobre “niños malos”.

Esto es algo muy humano también: no nos fiamos del todo nunca. ¿Hay algo/alguien contra lo que luchar o mi propio miedo ha sugestionado esa falsa posibilidad? Y ahí radica la base del juego cinematográfico-religioso: durante la película, tus ojos y oídos te dicen una cosa, pero tu mente te está diciendo la contraria. Lo mismo que ocurre con la fe.

Fotograma de la película Tin&Tina (cedida por el director)

La película tuvo su recorrido en cine, pero también en plataformas con Netflix, ¿cómo ha sido la reacción de público fuera de España, mejor que aquí?

Como intuíamos, Tin & Tina tuvo un aterrizaje muy polarizado, generando amor y polémica a partes iguales. Es una película diferente, que juega, provoca, perturba y, quizás, descoloca. Pero quien de verdad mira más allá y se deja llevar por la experiencia que propone la película, creo que se queda a vivir en ella para siempre.

El estreno en Netflix se convirtió en un fenómeno viral y son ya más de 50 millones de espectadores los que la han visto en todo el mundo y cada uno de ellos la habrá sentido y digerido de una manera diferente. Se ha creado un fan art alrededor de la película sumamente talentoso e incluso hay personas de diferentes países y etnias que se disfrazan de Tin y Tina en carnaval. La realidad supera a la ficción.

Hay escenas increíblemente tensas en Tin & Tina, la del perro, la del bautismo… ¿cuál fue para ti la más complicada de rodar? ¿cuál pensabas que iba a impactar más?

Efectivamente, son escenas donde la tensión aparece en contextos cotidianos y esto puede resultar más inquietante. Narrativamente siguen caminos diferentes pues la escena del perro es un ejercicio de fuera de campo (donde el espectador juega, volviendo a ser un niño, a imaginar lo que sucede tras el sofá) mientras que la escena de la piscina se fundamenta en un suspense clásico Hitchcockiano. Aunque estas escenas tuvieron sus retos particulares, te diría que la más complicada tanto a nivel de técnica como a nivel emocional fue, sin duda, la escena del incendio.

Ya el punto de partida (filmar el progresivo incendio de una casa en plano secuencia) era un desafío de tremenda magnitud para todos los departamentos, no sólo por la complejidad de la puesta en escena, diseñando una coreografía milimétrica entre los actores y el movimiento de la cámara recorriendo una enorme casa (obra del arquitecto Aníbal González) alternando un interior y exterior noche a nivel fotográfico, sino también por la integración de determinados efectos especiales (lluvia, fuego, etc) y visuales (un bebé, una pierna ortopédica, etc). Finalmente, logramos un gran resultado gracias a la pericia técnica del equipo y a una interpretación titánica de Milena Smit.

Todo esto para lograr generar una experiencia inmersiva para el espectador en aras de expresar la más pura verdad cinematográfica, pues, al final, lo más importante es que todo este artefacto servía para contar algo de la manera que considero narrativamente más eficaz: son 20 minutos sin corte de plano donde acompañamos en tiempo real a nuestra protagonista en su descenso a los infiernos, compartiendo sus miedos, sospechas, hallazgos y emociones. Sin acompañarla de manera objetiva en esta secuencia no podríamos posicionarnos en el final de la película con (o contra) su decisión moral.

“Es gracioso, porque cuando se lo propusimos (la banda sonora a Jocelyn Pook) y vio la película, me confesó que había estado una semana teniendo pesadillas con los niños y que no se sentía emocionalmente capaz de hacerlo”

Antes de hablar de reparto, que está muy bien, me gustaría preguntarte por la banda sonora. Tienes la suerte de contar con Jocelyn Pook, compositora que comenzó su carrera en el cine trabajando en Eyes Wide Shut, y que quizás es de las mejores bandas sonoras que se han realizado en el cine español reciente, ¿por qué decidiste que fuera ella? ¿vio la película antes o le diste directrices?

Trabajar con Jocelyn es un sueño del que todavía no quiero despertar. Ya en la fase de escritura del guion, sus discos me acompañaron en muchos momentos y siempre pensé que era la persona adecuada para crear la banda sonora de esta película. Principalmente, porque es una mujer que ha destinado su vida y obra a investigar, experimentar y crear una música muy especial que intenta explorar lo intangible, lo religioso, lo místico… Y también porque su estilo único, como la propia película, combina lo clásico con lo transgresor: instrumentos musicales extraños (metales distorsionados, instrumentos de agua, artilugios orientales…) así como canciones interpretadas vocalmente al revés…

Es gracioso, porque cuando se lo propusimos y vio la película, me confesó que había estado una semana teniendo pesadillas con los niños y que no se sentía emocionalmente capaz de hacerlo. A lo que le respondí: “Has trabajado con Kubrick. Créeme: puedes hacerlo.” A partir de ahí comenzamos a trabajar juntos durante meses hasta que finalmente llevamos a cabo la grabación en los míticos estudios de Abbey Road en Londres. Y creo que el resultado es una banda sonora fascinante capaz de transportar al espectador (y al oyente) a un universo sonoro extraño, melancólico a veces y terrorífico en otras, pero siempre misterioso.

Los niños, Carlos González y Anastasia Russo, están soberbios, transmiten un halo de miedo, suspense y repelús que deja atónito, ¿fue muy difícil dar con ellos? ¿qué estabas buscando en los actores?

El casting de los niños fue un proceso largo. Pasaron por él más de 1.000 niños y niñas y eso que teníamos unos requisitos de partida (tono de piel, color de ojos, edad, etc) bastante restrictivos. Es muy difícil especificar lo que verdaderamente se busca: no es sólo un físico, una voz, unas habilidades expresivas… es algo más. Hay algo a nivel espiritual, emocional, que hace que persona y personaje se confundan. Es un momento mágico en el que ese personaje que sólo habitaba las palabras de un guion se convierte, mágicamente, en algo físico.

En el caso de Tin y Tina, cuando aparecieron Carlos y Anastasia estaba claro que eran ellos. Tanto individualmente como en pareja desprendían todo lo que sus personajes requerían. Después comenzó un proceso de ensayos, creación y juegos donde fuimos perfilando sus personajes. En el rodaje era divertido ver cómo los niños seguían siendo Tin y Tina incluso cuando no estábamos filmando. Anastasia y Carlos son dos niños maravillosos y creo que estos personajes les han marcado y les acompañarán para siempre. El cine y la vida, la vida y el cine.

¿En qué estás trabajando ahora, Rubin? ¿existe la posibilidad de una segunda entrega o tercera, según se mire?

Estoy desarrollando varios proyectos, a cada cuál más diferente. Ya veremos si alguno llega a buen puerto. En cuanto a una continuación de Tin & Tina, es algo que me han pedido mucho, supongo que debido a que el final de la película pudiera no resultar un final como tal, sino el inicio de algo nuevo. Esto me gusta mucho, los finales que se convierten en inicios. Que la película no termine con los créditos finales, sino que siga expandiéndose como una hiedra dentro del espectador. Porque todo final termina suponiendo el inicio de algo. Menos la muerte… ¿o tal vez no?