“Todos estamos aquí gracias al sexo”

-Gillian Anderson, Dr Jean

Hay series que con una primera escena ya te enganchan. Series que saben que la potencia de una escena, la que sea, puede despertar el interés de los potenciales televidentes. Este es el caso de Sex Education. Podríamos decir que en la serie de Laurie Nunn no es otra simple historia de adolescentes con las hormonas en plena fiesta, sino que va más allá, intenta, pues, retorcer un poco el género para contarnos unas historias llenas de honestidad.

El tono más directo de la serie, sin caer en la vulgaridad, sorprende y se agradece. Quizás sea debido a que pese a beber de fuentes tan cálidas como El Club de los cinco (John Hughes, 1985) o los desvarios sexuales de la más actual American Pie (Paul y Chris Weitz, 1999). El filme mantiene ese equilibrio entre el sexo y las relaciones sociales que generan ese sexo. Otis (Asa Butterfield) es el protagonista de esta historia coral, donde su madre, Jean, la genial Gillian Anderson, es una terapeuta sexual divorciada. Desde Otis, pasando por su sempiterno amigo Eric (Ncuti Gatwa) van desfilando por cada capítulos una serie de problemas relacionados con el sexo; identidad sexual, acoso, amor, placer.

La serie tiene una continuidad argumental, un hilo conductor, que es el sexo, pero cada capítulo puede verse y apreciarse de forma autoconclusiva. En cada episodio asistimos a un caso diferente, lo que sirve para el arranque de los mismos. Como en otras muchas series actuales, el inicio solo sirve de pretexto para abordar la trama del capítulo, que en muchas ocasiones orbita sobre el tema expuesto, pero que también narra otras cuestiones interrelacionadas entre los capítulos.

Como he mencionado, la serie no duda en mostrar parte de la realidad social de los adolescentes, uno de los momentos más veraces, y que resuelven con franqueza, es la del aborto de Aimee. Una adolescente sin su familia que se enfrenta a una situación tan delicada y que pide ayuda a su amigo y compañero Otis, un personaje que se encuentra en las antípodas de ella en el plano sexual: mientras una ya ha tenido relaciones sexuales, el otro es todavía virgen, y su contacto con el otro sexo es muy limitado. Quizás en ese momento vemos dos parte de la misma moneda que presenta la serie como son las diferencias en el terreno sexual entre sus protagonistas.

Respecto al tema principal de la serie, el sexo, Gillian Anderson comentaba en Fórmula Tv, “no sé por qué nos cuesta todavía tanto hablar del tema. Es muy extraño, incluso aunque desde el principio de los tiempos la gente haya tenido sexo, todos estamos aquí gracias al sexo. Y todos hemos tenido las mismas experiencias sexuales extrañas, divertidas y e incómodas. Es raro que no hablemos de él con más libertad y que siga considerado como un tema tabú”.

Los diez capítulos no se hacen pesados, aunque es verdad que su calidad es irregular: algunos son muy brillantes y otros, un poco peores, pero, oigan, eso no quiere decir que sea malo, sino que es previsible, por ejemplo con el arco de Eric o el final del último episodio, donde hay mucha previsibilidad. Dada la originalidad relativa del producto, hubiera sido más interesante que algunos tramos que dábamos por asumido que se desarrollarían de un modo, tomaran otro camino como en la relación de la Dr Jean y su fontanero.

Recordemos que este tipo de comedias adolescentes suelen funcionar, y aunque no haya una relación tan directa entre la que nos ocupa y American Pie, para hacernos una idea del impacto que tienen estas producciones dirigidas a un público joven, la película de Weitz apenas costó 11 millones de dólares y recaudó en total 235 millones y medio.

Veremos si en la segunda temporadas, con algunas trames muy vivas, mantiene el pulso o se deja llevar por más tópicos.

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